La fase cinco

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The Sartorialist

 

Hoy, aprovechando que por fin no llovía, estaba en la calle, con un par de horas por delante para hacer recados, una de las cosas que más odio en el mundo. Que si de un lado para otro, que qué mareo, que no paro, que a ver si acabo con este larga lista de una vez, que yo lo que quiero es aprovechar los dos rayos de sol y tomarme algo con una amiga en una terraza. Total, en una de estas me encontré con un buen amigo mío. Hacía mucho que no le veía y después de darnos dos besos, nos empezamos a poner al día. Le estuve lloriqueando un rato con que acababa la carrera y no quería ponerme a buscar trabajo y que se me acababa la buena vida. Él me acabó contando su última historia de amor. Típico cuento: chico conoce a chica, se empiezan a gustar y después de varios meses de (cito textualmente) “pasión desenfrenada”, todo se va a la mierda. Porque ella ya no era la misma. Porque no le gustaba las cosas que hacía. Porque le criticaba. Y un sinfín más de “porques” que no me voy a poner a escribir aquí porque eran tan absurdos como ridículos. Cuando una relación se acaba sólo tiene un “porque”: porque ya no te aguanto más. Puede que algo te siga queriendo. Puede que me sigas pareciendo atractiva. Y si las circunstancias fuesen distintas, seguiríamos juntos. No nos engañemos. No te aguanto, déjame en paz, fuera de mi vida, mala pécora, y ni se te ocurra intentar volver a entrar en ella. Punto. Si llega el día que no sabes contestar a las preguntas que hace el señor González, es que hay que dejarlo.

Este ejercicio se lo recomiendo en especial a las chicas, que no es por estereotipar pero somos muy dadas a darle demasiadas vueltas a las cosas. No me considero experta en (odio esta expresión pero es que no se me ocurre otra) “temas de amor” pero he tenido mis desamores y eso es algo que he aprendido.

Las mujeres (y esto se aplica a todas a nivel mundial no me lo neguéis porque soy mujer y lo sé, he nacido sabiéndolo y moriré defendiéndolo) nos encontramos siempre en una de las cinco fases siguientes:

1)  Fase enamoramiento/engaño: Y con qué facilidad lo hacemos. Cuando estás colado por alguien/se te derriten hasta los huesos/hueles su perfume y entras en estado de euforia transitoria/te mola/te va su onda guey/le quieres hasta la locura/llegas hasta el punto de pasar por donde suele para encontrártelo estar al más puro estilo “stalker”, es que eres hasta capaz de transformar un seco “vamos hablando.” por Whatsapp en un “dios, me ha contestado, eso es que le gusto!!!” seguido casi de saltos en el aire y palmadas con las orejas. Y no sé qué es peor, que el otro esté igual que tú (catástrofe asegurada) y no ser correspondida (ante lo cual acabará encontrando otro objetivo al que acosar tarde o temprano). Es una fase absurda, bastante surrealista pero que todas pasamos en algún momento de la vida. La cosa es que solemos hacer esto de forma sutil, de tal manera que los hombres piensan que es casualidad. Ja. NADA es casualidad para una mujer, a ver si aprendéis ya insensatos.

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Manual de un buen vividor

2)   Fase “odio a los hombres”: también conocida como la fase “quiero ser lesbiana”, “me voy a meter a monja” o “sudo de todo, voy a acabar vieja, sola y con gatos”. Olé y olé. Se dicen estas cosas con mucha dureza pero suele durar poco (conozco a alguna que tan solo ha estado en ella escasos minutos). No voy a decir más al respecto.

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Hawaiian Coconut

3)   Fase oca: sí. No porque se convierta en un pato y haga cosas raras sino porque se dedica al “de oca en oca y tiro porque me toca”. En los países del norte es conocido como hacer “pendoning”. Altamente peligrosa, la sujeto no suele salir bien parada pero bueno, algunas lo necesitan. Yo gracias a Dios nunca he tirado de ella, he optado por ahogar mis penas en acompañada de una buena amiga en mi azotea de cigarro en cigarro, intentando ponerme algo morena pero jamás consiguiéndolo.

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Manual de un buen vividor

4)   Las que no pasan por la fase oca puede pasar por otra conocida comúnmente como la fase “me-aburro-soberamente-así-que-voy-a-llamar-a-mi-exnovio-a-ver-qué-se-cuece-y-ya-de-paso-la-lío-a-más-no-poder”. La más peligrosa de todas. El pasado se llama “pasado” por algo. Si no estáis juntos es que lo dejasteis por algo. Mal. Fail. Hostilidad máxima. No hagáis esto, no conozco a ninguna que lo haya hecho y siga viva de verdad.

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5)   La autorrealización. Aquella a la que todas aspiramos pero solo conozco a pocas (madres) que lo hayan conseguido. Quizás la chica encuentre al hombre perfecto y llegue a esta fase o esté condenada a ir pasando por las otras cuatro de por vida. Esto es como la rueda del karma señores. Sea lo que sea, lo que si sé es que es algo casi de la mitología.

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The Sartorialist

Volviendo a lo del principio: mi amigo. Él la dejó. Según mis cálculos ella estará en la fase oca ahora mismo. Conclusión a la que he llegado yo: ¿para qué marearse tanto por una persona que está en tu vida unos escasos meses y se va? No sirve para nada.

Yo mientras tanto seguiré escuchando a mis queridos y fantaseando con la fase cinco.

-Z.

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Estaba guapísima

Estaba guapísima. De verdad. Llevaba un abrigo negro y una especie de boina del mismo color. No solía ponerse nunca sombrero pero aquella gorra le sentaba estupendamente. En el momento en que la vi me entraron ganas de casarme con ella. Estoy loco de remate. Ni siquiera me gustaba mucho, pero nada más verla me enamoré locamente.

– J. D. Salinger

Y es que una chica con un sombrero bonito conquista a cualquiera. Yo nunca he utilizado pero desde hace poco los de paja me parecen muy apetecibles y he estado buscando uno para este verano. Así que os dejo de mis favoritos (y asequibles) de esta temporada.

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Bimba y Lola

 

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Topshop

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Zara

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Urban Outfitters

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Asos

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Mango

 


¡A ver si acaba esta lluvia pronto y nos salen unos rayos de sol!

– Z.

40 días sin chocolate.

Como cualquier tipo de chocolate unas cinco veces a la semana. Definitivamente hay un cambio en la química del cuerpo. Es mi sensación favorita. Vivo por el – John Travolta

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Es el chocolate mi única adicción. No pasa un día sin que me tome media tableta de chocolate con leche o cualquier chocolatina, me gustan todas.

Tengo tal debilidad por el chocolate que lo primero que miro en la carta de cualquier restaurante son los postres, y que alegría me llevo si tienen MI postre, como ya es conocido entre mi familia o amigos que es el fondant de chocolate. Hay muy pocas cosas que me gusten más que eso.

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Mi padre me llego a decir un día que esperaba que los hombres no descubriesen mi debilidad por el chocolate, ya que si no sabrían como manejarme. Para los que no me conocéis, mi perdición no llega hasta ese extremo, pero es un comentario que os puede poner en situación.

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Me he ganado la etiqueta de “dulcera” a base de siempre estar atenta de los postres y siempre preferir el dulce al salado. Disfruto con un buen desayuno y una buena merienda. Pero intento aclarar que no soy dulcera sino chocolatera, el dulce sin chocolate me gusta pero no me entusiasma.

En fin, durante la época de exámenes en una de las largas tardes de biblioteca estaba con una amiga comentando que deberíamos de hacer un propósito de cuaresma, ya ven cualquier excusa me sirve para evadirme de una aburrida tarde de estudios. Me retó a que estuviera 40 días sin chocolate, convencida de que yo no podría. Al contárselo a las demás ninguna confiaba en que fuera a aguantar así que eso me armó de valor y me lo propuse.

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Hicimos un pacto, entre varias amigas y cada una nos marcamos un propósito de cuaresma, algunas ni siquiera lo empezaron, otras lo dejaron a la semana o increíblemente a los 32 días cayeron en la tentación (e intentaron escondérmelo) pero yo tengo el orgullo de poder decir que el domingo cumplí mis 40 días sin chocolate.

De toda experiencia se sacan enseñanzas, y esto es lo que he aprendido:

  • He aprendido que hay muchas más cosas con chocolate de lo que nos pensamos. Mi querida amiga Bárbara, a la que no le gusta el chocolate tiene razón.
  • He aprendido que somos tan fuertes como nos propongamos.
  • He aprendido que todo se puede sustituir por algo, y un buen helado de dulce de leche quita las penas a cualquiera.
  • He aprendido que si dices que no comes chocolate la gente se sorprende, y la mayoría piensan que estas a dieta. No tiene por que ser así.
  • He aprendido que la gente te dice que te ve más delgada por el simple hecho de pensar que estás a dieta.
  • He aprendido que aunque te tienten los verdaderos amigos no te van a dejar caer en la tentación, por que saben lo que significa para ti.
  • He aprendido que  todo el mundo se enfrenta al difícil reto de mantener la motivación cuando desea alcanzar sus objetivos, pero sólo algunos lo consiguen.
  • He aprendido que nada sienta tan bien como conseguir algo que te propusiste y que te ha costado.

Después de todo esto, sólo añadir que por mucho que haya estado más de un mes sin chocolate sigo pensando que es una maravilla. Os dejo además un mensaje que me ha hecho gracia.

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-A.

Sevilla tiene un color especial.

Ya está aquí la primavera y aunque el tiempo no haya acompañado la llegada de esta estación, el simple hecho de pensar que ya está aquí me encanta. Siempre ha sido mi estación preferida.

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Cuando pienso en la primavera me vienen a la cabeza muchas cosas, pero entre todas resalta Sevilla, y es que esta ciudad “tiene un color especial”. He pasado tantos buenos momentos en allí que le tengo especial cariño, pero los mejores sin duda han sido en esta estación, debe ser que no soy la única, y de ahí la canción de siempre así “Cuando vuelva a Sevilla en primavera”.

No sé si el motivo de este post es añoranza por todos esos momentos en esa ciudad, a la que por desgracia cada vez voy menos. No sé si lo escribo por las ganas de feria que tengo o si simplemente es por todas mis amigas sevillanas que aunque estoy perdiendo el contacto me acuerdo mucho de ellas, pero por lo que sea, aquí os dejo mis recomendaciones en Sevilla.

Me cuesta decidir por dónde empezar, así que voy a distribuirlo cronológicamente lo que haría si tuviera un día en Sevilla.

Para visitar la ciudad recomiendo un paseo por el centro, la catedral es sin duda una de las más bonitas de España. La giralda, el monumento más conocido de Sevilla, también hay que ir a verla, y además se puede subir arriba. Aunque yo nunca he subido, siempre lo tengo como algo pendiente, ya que dicen que las vistas desde arriba son maravillosas. Otro monumento para visitar en Sevilla es el Alcázar.

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Si queréis ir de compras, las mejores tiendas están por la Plaza Nueva y es indispensable un paseo por la calle Sierpes.

ImagenDespués de todo esto, lo que más apetece es una cervecita, así que mi recomendación es ir al barrio de Santa Cruz, que también está en el centro y es muy auténtico. Cualquier Sevillano te diría que fueras a “La fresquita” o a “La casa de la moneda”.

Para comer, mi preferido es el restaurante Infanta. Tanto la parte de restaurante como la de tapas son para mi las mejor opción en Sevilla. A parte de ser muy agradable y estar decorado con muy buen gusto todo lo que he comido allí está buenísimo.

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Otra opción a la hora de comer es el restaurante Jarisa. También tiene una parte de tapas y otra de restaurante. No es el típico sitio de tapas de Sevilla y esto unido a la calidad de la comida hace que a veces sea difícil encontrar hueco, pero la espera merece la pena. Las tapas son más elaboradas de lo que encontraras por ahí y recomendaría el roastbeef de buey, es una apuesta segura!

Después de comer podéis ir a dar un paseo por el parque María Luisa,  maravillosos jardines en mitad de la ciudad, que te llevan a la plaza de España. Sin duda una visita obligada si vas a Sevilla por primera vez.

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Por la tarde, no hay nada como un paseo por el río y ver el atardecer. Para esto es perfecta la calle Betis y cualquiera de sus bares. Hay uno que me gusta especialmente que es El Embarcadero. Está al principio de la calle si vienes desde Plaza de Cuba y es una puerta pequeñita de madera, bajas una escalera y está a nivel del Rio. Simula un barco de madera. Un sitio increíble para el atardecer bien acompañada. Imagen

Para cenar, un pescadito frito por la calle Betis, y si no en plaza de Cuba está José Luís que tiene unas tapas buenísimas. Y al lado Mariscos Emilio que es otro clásico de Sevilla.

Para acabar el día habrá que tomarse una copita, y para ello los mejores sitios del momento en Sevilla son O’clock, Hoyo 19 y Groucho.

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Espero que os animéis y vayáis a visitar esta increíble ciudad. Y si podéis, ahora que se acerca la Semana Santa os diría que no dudéis en ir algún día a ver las procesiones, por que aunque todas son bonitas, nada como las de Sevilla, y el ambiente de Semana Santa por las calles de esta ciudad tampoco se puede igualar.

 

– A.

Arte para los poco artísticos

Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar.

– A. Machado

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El colegio. Un conjunto de momentos que te definen a lo largo de muchos, muchos años. Y más si fuiste a uno de monjas como yo que te inculcan tanto algunos hábitos que hasta crees que te los creaste tú solo. Yo gracias a Dios he conseguido quitarme los que más miedo daban, como eso de meterte el pan en los bolsillos para tener comida para después, ser hasta desagradable con el chico que te gustaba y sentirte mayor fumándote un cigarro entre cinco en una esquina del patio. Menos mal que ya no hago esas cosas. Creo que quedaría un poco raro.

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En uno de mis últimos años de colegio di una de esas asignaturas que, aunque bastante inútiles y que no aportan demasiado, por una razón desconocida, te marcan. No fue por la profesora (era un muermo) ni por la materia de dicha asignatura (la teoría no podría ni entretener al más teórico de los teóricos), sino más bien me ayudó a descubrir mi lado artístico. He de señalar en este momento que yo nunca he sido dada a las artes. Sólo me he dedicado a escuchar durante horas y horas música.

El hecho de que mi madre me celebrase tanto las cosas que traía pintadas del colegio demuestran cuánto me quiere. Por eso mismo esta asignatura me sorprendió tanto al descubrir este lado de mí misma. Consistía en estudiar la comunicación y, en especial, la fotografía. Llegó un momento en el que nos dejaron hasta hacer fotos. Pensando mejor en ello, a pesar de ser un muermo, la profesora fue bastante valiente. Dejar unas cuantas réflex a una panda de adolescentes poco cuidadosos y luego meterlos en un cuarto oscuro a revelar (con todo lo que conlleva porque más de un listo aprovechó esa situación) es tener muchas ganas.

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Y así descubrí yo a la fotografía. O la fotografía me descubrió a mí. Me gusta más la segunda frase, queda más poético.

Me encantó Chema Madoz, fotógrafo español que te hace reflexionar, reír o dudar con sus fotos como ningún otro. Un maestro. Son de esas fotos que te puedes quedar un rato contemplándolas, llenas de imaginación.

Mi favorita esta:

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La tengo colgada en mi cuarto.

Desgraciadamente no tiene ninguna exposición pronto en Madrid pero os dejo su página web para que disfrutéis un rato: http://www.chemamadoz.com

Nunca volví a ver esa profesora, ni volví a pisar ese cuarto oscuro pero sí aprendí que una fotografía vale más que mil palabras.

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-Z.

Fotos cogidas de http://www.chemamadoz.com

Compartir es vivir.

El placer de leer es doble cuando se vive con otra persona con la que compartir los libros. – Katherine Mansfield

Siempre me ha gustado compartir con mis amigas cualquier cosa que leo y me llama la atención, ya sea por que me guste mucho o me recuerde a alguien o algo.

Como ya dijimos en Preguntas existenciales, tenemos una gran afición a leer blogs, así que suelo encontrar muchas historias o recomendaciones que enseñar a aquellas amigas que no leen tanto o comentar con las que comparto afición.

 Hasta ahora solía copiarlo en un email y mandarlo a unas u otras dependiendo a quién pensaba que le iba a gustar más o a quién me recordaba más aquello que les estaba mandando, esperando una contestación desde el momento en el que hacía click en enviar. Creo que en parte lo mandaba por eso, me encanta escuchar el feedback sobre las cosas que mando. Sé que Sandra me va a decir que lea cosas más formativas, que no se explica como puedo leer todos estos blogs y Lourdes en cambio, me contestará encantada con todo lo que le mande, pero es así en la variedad está el gusto y gracias a Dios en mi grupo de amigas puedo encontrar de todo.

Volviendo al tema, me gusta poder compartir aquello que leo y que creo que es digno de que lo vea más gente, así que ahora en vez de mandar emails lo iré poniendo aquí.

Os dejo un poema de Jorge Luis de Borges que leo de vez en cuando para recordarme que hay que aprovechar el tiempo y que “sólo se vive una vez”. Espero que os guste, este será el primero de muchos textos que os iré copiando por aquí.

“Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.

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Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,

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comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.

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Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera.
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.

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(foto de http://hermosamujerdepiesdescalzos.blogspot.ie)

Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años…
y sé que me estoy muriendo.”

 Jorge Luis de Borges.

Lo dicho, espero que os haya gustado tanto como a mí y que saquéis la moraleja del poema.

Hasta pronto.

-A.

Como empezar un día bien

“Los libros que de verdad me gustan son esos que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras”

-El Guardián Entre El Centeno

Una vez más, esto del cambio horario me juega una mala pasada (cómo no) y me encuentro despierta a una hora en la que ya debería estar soñando con cosas interesantes, como tomarme un buen café con Woody Allen y hablar de todo menos de cine o (pido disculpas por adelantado, me ha entrado un venazo de quinceañera pero no me he podido resistir) que cuando mañana baje a fumarme un cigarrito me acompañe algo así:

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Pero no. Tras un intento fallido de encontrar algún libro apetecible tirado por casa, aquí me encuentro en el sofá, portátil en mano e imaginando qué me espera el día de mañana.

Siempre he creído que, según como empiece tu día, ya vas a saber si es bueno o malo. No es lo mismo empezarlo, digamos, corriendo unos kilómetros por el Retiro o quedándote en la cama hundido en un edredón de plumas (ahí ya os dejo a cada uno juzgar qué es mejor o peor). Pero para mí, la mejor manera para empezarlo es sin lugar a dudas ir a desayunar con alguien que te plante una sonrisa que te dure toda la jornada. En mi caso, esa es mi amiga Alejandra. Da la casualidad que ella es el tipo de persona de la que juré no hacerme amiga jamás: le gusta el Nesquik en vez del Cola Cao, cuenta más las calorías que los buenos momentos y no le apasiona viajar. Pero mira, si algo he aprendido es que nunca digas nunca. También da la casualidad que mañana voy a desayunar con ella a uno de mis sitios favoritos de Madrid así que no queda otra que afirmar: mañana va a ser un día redondo.

Y como lo mejor de la vida es compartir, os dejo mis cinco sitios preferidos para ir a desayunar (o en su defecto merendar) en nuestra querida capital.

1. Mama Framboise

Muy cerquita de Génova encontramos este encantador local, de precios muy buenos y pastelería aún mejor. Recomiendo totalmente el croissant de chocolate. También tienen macarons. Nunca los he probado pero me parecen bastante curiosos.

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2. Living in London

Sitio ideal para ir a desayunar o tomar el té con una amiga. Es precioso, muy acogedor y, lo que más me gusta, muy “british” (tiene scones y una deliciosa carrot cake). Además en la entrada hay una tienda para comprar los tés para que te los puedas llevar a casa, y eso señores, siendo una fanática del té desde mi más tierna infancia, me rechifla.

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3. Embassy

Nunca he ido pero lo pongo en esta lista en homenaje a un amigo con el que tengo pendiente una visita. Siempre me dice que la tarta de limón cura todos los males, y eso la verdad no me vendría nada mal!

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4. Margó

Perfecto para los obsesos del té, en pleno centro, es un salón ideal decorado muy al estilo “Marie Antoinette”. Imagen

5. Valor

El que no haya ido a tomar un buen chocolate a la cafetería Valor al lado de la Plaza Mayor, no tiene perdón. Para mí es la mejor chocolatería de Madrid, me enamoré la primera vez que me llevaron con diez años y desde entonces nuestro romance no ha tenido fin.

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-Z.