Las cosas que nunca te conté (y debería haberlo hecho).

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Que aunque no te callas y eso a veces me molesta, yo me he convertido en una persona de pocas palabras, que es peor, y un poco cobarde.

Que tus bromas suelen ser bastante malas pero que yo siempre me reiré.

Que tus despistes me volvían loca (y no en el buen sentido de la expresión) pero veo que has mejorado en ese campo. No sé si me gusta o me sienta mal que no espabilases antes.

Que tus dudas constantes hicieron que sintiese que lo nuestro pendía de un hilo constantemente pero ahora son las mías las que casi acaban contigo y por eso te quiero decir que lo siento.

Que no me gustaría saber de ti todos los días pero la verdad es que hay noches que mataría por un abrazo tuyo.

Que ha habido muchas veces que no me he fiado de ti pero al final siempre acabo tropezando con la misma piedra, rebotando y cayendo en tu campo.

Que creo que en mi vida diaria no tienes lugar pero siempre he pensado en ti como mi compañero de viaje extraoficial.

Que lo nuestro ya es un sinsentido, que a veces ni nosotros sabemos de qué va, pero los pocos momentos que hemos pasado solos han sido los que más sentido han tenido desde hace meses.

Que no es bueno que nos veamos ni hablemos ni mensajes ni “me paso por tu portal” (ni nos hagamos señales de humo ya que estamos) pero te echaré de menos y jamás desearé que tu ausencia sea algo permanente.

Que gracias a tu forma de ver las cosas, siempre nos hemos vuelto a encontrar. Tú me das el empujón y yo te sigo. Cada uno tiene su papel, rol y dinámica.

Que no eres la persona para mí hoy. Puede que lo seas en un futuro. Y puede que no. Nunca lo sabremos hasta que llegue el momento pero esa puerta no la cierro.

Que me inspiré en ti para escribir más veces de las que jamás te admitiré. Pero no te busques. No vaya a ser que malinterpretes.

Que no te echo de menos pero no me imagino de aquí a unos años sin ti. Lo de después, el tiempo dirá.

Que conozco las cosas que no te atreves a decir en alto, pero espero oírlas algún día de tu propia boca.

Que hasta que no aprendas a estar solo, cualquier intento tuyo, mío, nuestro o del vecino va a ser absurdo.

Que suelo pensar que hacemos un gran equipo porque cuando uno de los dos se da de baja, el otro lo pone firme.

Que creo que esta distancia hará mucho bien, más a ti que a mí, pero algún día llegará el momento en el que uno estará esperando al otro.

Que la conexión, química o como quieras llamarlo que tenemos, nos ha hecho mucho mal pero de cada cosa mala han salido siete buenas.

Que “adiós” no era como me quería despedir. Que quería un abrazo y un “hasta luego”. Y por primera vez, me lo negaste, aunque no te culpo de ello.

Que yo lo veo como un punto y aparte. No un punto y final.

Como una despedida temporal. No permanente.

Como un “time out”. No el final del partido.

Como un “see you later, alligator”, no un “hit the road Jack and don’t you come back no more”.

Que puede que siempre volvamos a esto porque sacamos lo mejor el uno del otro; la versión mejorada, renovada y perfeccionada. La 2.0.

Que ahora estás perdidísimo, dando vueltas como una peonza, pero confío en ti como nunca lo he hecho en nadie.

Que somos así. Nos gusta hacernos los locos cuando realmente sabemos cómo acabará todo.  Sabemos de qué pie cojeamos. Tú del derecho y yo del izquierdo, porque me gusta llevarte la contraria.

Que nos entendemos y, por mucho que intentas ocultarme ciertas cosas, te veo venir de lejos, a kilómetros de distancia, como si llevases un cartel luminoso en la frente.

Que así es como son las grandes historias.

I think that you came too soon
You’re the honey and the moon
That lights up my night

Que te conozco de sobra y sé que, si por casualidad leyeras esto, te quedarías con todo menos lo importante.

Que hoy no pero algún día, quizás.

-Z.

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Ahora Madrid es otra ciudad

Ahora que vuelvo a Madrid me encuentro con otra ciudad..

Ya Madrid no es la misma que tu me enseñaste en mis primeros años de carrera, no es la misma ciudad en la que cada esquina tengo un recuerdo contigo…

Ya no es la ciudad que hace que me alegre de que llegue otoño para volver a estar aqui contigo, no es la ciudad en la que me gusta acostarme habiendo visto el amanecer ni la ciudad que recorro sus calles pensando que podré encontrarme contigo en cualquier esquina.

Ya no es nuestra Madrid, ni nuestro bar es nuestro, ni ninguno de los sitios donde pasamos horas y horas son nuestros…

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Ya no es la ciudad de la que me sentía parte, aunque siempre por mucho que me cuestre reconocerlo esta ciudad será parte de mi… Igual que serán parte de mi nuestros paseos por Gran Via, los restaurantes que descubrimos por el Madrid antiguo, las noches de copas por Huertas o aquellas exposiciones que me llevabas dandotelas de culto, porque sabias que a mi me iban a encantar.

No, ahora que vuelvo a Madrid ya no es la misma ciudad, pero supongo que yo tampoco soy la misma.

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Ahora que voy a trabajar no tengo la misma ilusion en ir a la oficina que la que tenia cuando iba a la biblioteca sabiendo que ibas a estar, aunque por lo menos soy mas productiva, porque alli pensaba mas en ti que en estadistica o derecho mercantil…

Pero ahora que empiezo una nueva etapa, también empiezan nuevas ilusiones, y conociendo nuevos lugares donde voy creando nuevos recuerdos.

Ahora que he vuelto me encuentro que Madrid es otra ciudad, y que tendre que conocerla sin ti pero con él.

-A.

Un día no son 24 horas

24/09/2011

Déjame que te comente lo que dura un día sin ti. No son 24 horas. Ni 1.440 minutos. No es algo eterno. Pero tampoco algo placentero. Sigo con mi vida y tú con la tuya pero para ambos es algo que forma parte de nosotros desde hace años.

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Son las cinco veces que cojo el móvil, instintivamente, para asegurarme de que no me has escrito o llamado.

Son las nueve veces que tu nombre ronda por mi cabeza. Aparece de forma automática, está ahí un rato, asomándose, si le parece correcto saluda y luego se va, igual de traidor que como llegó.

Es cuando me monto en el autobús, escuchando música en aleatorio y sale esa canción. Nunca lo hablamos pero los dos sabemos que fue nuestra canción. La letra no tiene ningún sentido pero nos encantaba escucharla juntos, con los ojos cerrados. Porque así es como se escucha una buena canción.

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Son las tres veces que me quedo helada y sin saber qué hacer porque confundo a un extraño de espaldas contigo.

Es el momento que alguien me escribe con noticias de ti. Se creen que las necesito, que me vienen bien. Pero no, ya pactamos los dos que era mejor no saber nada. Aunque tú tienes momentos de debilidad.

Son el puñado de veces que me invento escenarios y resultados paralelos. Ya sabes, soy mucho de analizar la situación, los actos y sus consecuencias. Hasta que llego a la conclusión de siempre, pasó así porque tenía que pasar así.

Son las cuatro veces que me escribe alguna amiga preguntándome que qué tal el día. Yo siempre digo que bien porque es verdad pero me gustaría poder contarles lo que realmente pasó. Eso, la verdad.

Es el momento que me voy a dormir, contenta por haber aguantado el tipo un día más pero decepcionada al no ver tu nombre en la pantalla. Porque el pacto está para respetarlo pero me gusta cuando te rebelas y te olvidas de él.

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24/09/2013

Déjame que te comente lo que dura un día sin ti.

Son siete minutos de café y una tostada por la mañana, la mejor comida del día.

Son 42 segundos de salir corriendo de casa porque para variar pierdo el autobús.

Es un no parar en toda la mañana y un “no puedo más con mi alma” por la tarde. Horas, minutos, segundos.

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Es una hora de deporte, que oye, ya me cuido.

Es 22 minutos de viaje de vuelta a casa. O 40 más o menos si vuelvo andando. Según se tercie.

Es media hora de cena en familia, contándonos el día. Unos quejándose de las clases, otros del trabajo y otros porque le han cogido el gusto sin más.

Es un momento de acordarme que hace semanas que no sé de ti. Qué bien. Por fin lo pillas.

Son 55 minutos de Los Soprano. Solo que me altera como una niña pequeña y tardo el doble en dormirme pero encuentro cierto placer en ello.

Es el rato que me meto en la cama, voy a poner la alarma y esta vez sí que veo tu nombre en la pantalla. “¿Qué tal el día, guapetona?”. Lo bueno de las malas costumbres es que nunca se pierden.

Y cuanto peor sea la costumbre, menos ganas tienes de deshacerte de ella.

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And goodbye.

-Z.

-10 días de otoño.

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Sabes que ya se ha acabado el verano cuando te montas en cualquier autobús y, en vez de pasar un frío insoportable que te pone casi hasta las uñas moradas, te rodea un calorcillo intenso.

Sabes que se ha acabado el verano cuando al salir de tu casa, justo cuando estás cerrando la puerta, te grita tu madre “niña, ¿has cogido una chaqueta?”

Sabes que se ha acabado el verano cuando estás escribiendo este post, miras por la ventana y ves que está cayendo una lluvia torrencial y todo el mundo entra calado, dejando un rastro de gotitas que caen del paraguas.

Sabes que se ha acabado el verano cuando ya no es de día a las diez de la noche y ya no te encuentras con tanta terracita llena hasta rebosar a cualquier hora del día (menos la de la siesta).

Sabes que se ha acabado el verano cuando todo el mundo comienza de nuevo con la rutina y los planes con amigos son más escasos.

Sabes que se ha acabado el verano cuando la gente deja de subir esas tan poco originales fotos de tripa, piernas, pies y mar (en ese orden).

Los que habéis visto la película sabéis de lo que hablo.

Muchos se lamentan, incluso seguro que lloran, cuando concluye la época estival. Pero a mí no me importa. Me gusta el otoño. No por las hojitas de colores, los niños con mochila o ese tipo de cursiladas. Como la excusa con la que Diana Kruger le pega un tortazo a Dany Boon en la película que comparten: “cursilada, bofetada”.

Me gusta tener a los míos aquí cerca después de la vuelta de vacaciones. Me gusta más aún el invierno, la sensación de salir a la calle y que se te congele la cara. De disfrutar de un paseo por una ciudad iluminada por fin porque anochece antes.

Me gusta ver a las chicas con chaquetas de cuero y a los hombres de traje con abrigos clásicos hasta la rodilla.

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Me gustan las bufandas grandes.

Me gustan los botines con tacón alto.

Me gusta la ecuación sofá + manta + te + libro.

Me gustan mis mejillas rojas y tus manos permanentemente calientes, a pesar de no llevar nunca guantes.

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En algo se tenía que notar mi procedencia germano irlandesa.

Creo que las personas se proponen más cambios, o por lo menos se los toman más en serio, al llegar septiembre que el uno de enero. Nos sale de forma inconsciente. Siempre fue el momento de mayor cambio durante nuestra infancia y adolescencia, los primeros años de vida, y el humano es un ser de costumbres.

Yo ya he empezado con los míos y los estoy disfrutando.

-Z.

Fat Baobab

Hace ya un tiempo que quiero presentaros Fat Baobab, una marca diferente.

Manuela Lacalle y Beatriz Golderos han creado la marca Fat Baobab de bolsos y complementos. Para ellas su marca simboliza al mismo tiempo la elegancia y la rebeldía, nos encanta como se definen y como se ajusta a lo que nosotras buscamos.

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En Fat Baobab podemos encontrar clutches,  bolsos y diademas, con un gusto exquisito que nos hará destacar en las fiestas y bodas que tengamos o ir comodísima con un bolso todoterreno pero muy estiloso.

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La marca está pensada para chicas dinámicas, cosmopolitas y flexibles, y que busquen calidad a precios asequibles.

Sin más, os dejo fotos aunque os animo a ir a su página web para que podáis ver más de sus productos.

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Espero que os haya gustado!

-A.

Los dos amores.

Porque a veces (en realidad casi siempre), ellos lo expresan mejor que cualquiera:

Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos, esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella.

Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderéis siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y os impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejaréis de intentarlo…Os rendiréis y buscaréis a esa otra persona que acabaréis encontrando.

Pero os aseguro que no pasaréis una sola noche, sin necesitar otro beso suyo, o tan siquiera discutir una vez más… Todos sabéis de qué estoy hablando, porque mientras estabais leyendo esto, os ha venido su nombre a la cabeza.

Os libraréis de él o de ella, dejaréis de sufrir, conseguiréis encontrar la paz (le sustituiréis por la calma), pero os aseguro que no pasará un día en que deseéis que estuviera aquí para perturbaros. Porque, a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien a quien aprecias.

-P. Coelho

Feliz juernes.

-Z.