Los fantasmas del pasado

 Imagen

Fue gracioso. El otro día te vi.

Fue gracioso porque tú a mí no.

Una vez que me di cuenta de que estabas en la acera de enfrente, hice todo lo posible por ser yo la única que supiese de ese encuentro casual. No sé por qué me escondí detrás de la gente. No te lo podría explicar. Algo me decía que no era el momento para vernos. Aún no.

Hacía más de un año que no te veía. Estabas de pie, parado, seguramente esperando a alguien, cosa que me permitió examinarte a la perfección. Era como si el tiempo no hubiera pasado. No habías cambiado apenas. El mismo corte de pelo. El mismo abrigo gris marengo. La misma forma de estar de pie, con las manos en los bolsillos. Un poco más de barba quizás. Y yo ahí quieta mirándote. Como hacía siempre. 

 Imagen

Volvía del trabajo a casa. Había sido un buen día. No sé si tú ibas o venías. Hacía tiempo que te había perdido la pista. Hacía tiempo que ya no me sabía tu rutina diaria de memoria. Ya no sabía a qué dedicabas tu tiempo. A lo mejor ya ni vivías en Madrid y estabas solo aquí de paso.

Y con eso, me empecé a preguntar cosas de ti.

Reflexioné sobre si te gustaría la nueva canción de ese grupo que tanto escuchábamos. Me hubiese gustado comentarla contigo. Siempre vivimos la música de una forma muy parecida.

También me pregunté si seguirías utilizando esa colonia que te regalé. Te compré el frasco más grande que encontré porque me chiflaba, aunque admitiré que mi olor favorito era tu fragancia natural. Reconoceré además que se me ha parado el corazón las dos veces que he olido algo parecido desde entonces.

Me hubiese gustado saber si al final te dieron ese trabajo para el que tanto te preparaste la entrevista. Hacías como si no tuviese mayor importancia la cosa pero sabía que te morías de ganas por que te cogiesen.

Decidí torturarme un poco y darle vueltas a la cabeza a si habrías encontrado a otra que decirle las cosas que me decías a mí, a otra con la que ir a nuestro bar, que nunca he vuelto a pisar, o a otra con la que perder la noción del tiempo. A esto llegué a la conclusión rápidamente de que no quería saber la respuesta.

 Imagen

Me pregunté si ya te gustaría ir a cenar a restaurantes que no fuesen de comida americana, si seguirías diciendo que, si salías a cenar, era para cenar en buenas cantidades y no cuatro cosas minimalistas.

Deliberé sobre si ya habrías dejado de jugar a esos videojuegos a los que siempre me intentabas enganchar para que nos viciásemos los dos juntos. No caías en un pequeño detalle: que va en contra de mi genética que me guste matar zombies o jugar al FIFA.

Me dediqué a recordar tu sonrisa. Me gustaba la que era de verdad, la sincera, la que te caracterizaba. Esa que sólo te salía conmigo. La mirada de gato la llamaba yo por cómo se te estiraban esos ojos color mar revuelto y brillaban.

Cavilé sobre si tuvieses la posibilidad, te seguirías metiendo conmigo por mi afán de no dejar estar las cosas hasta que yo consideraba que estaban perfectas. Y yo me enfadaba pero tú me decías esa frase especial al oído, me dabas un beso y ya se nos olvidaba todo.

Me pregunté qué pensarías de mí después de todo lo que pasó. Me hubiese gustado saber cómo contabas nuestra historia, como si fuese lo mejor de tu vida o si deseabas jamás haberme conocido. Ojalá supiese si te acordabas de mí de vez en cuando o ya me habías desterrado de por vida de tu memoria.

 

Me di cuenta de una cosa muy obvia en la que no había caído hasta entonces. A ti te pasaba lo mismo conmigo: yo también era una extraña para ti. Me moría por si saber si en realidad te interesaría saber algo de mí.

 

Pensé en tantas cosas que habían cambiado en mi vida y que ya jamás sabrías.

Como por ejemplo que escribo y que ese pequeño ritual de sofá y a teclear por las noches que surgió por sorpresa hace unos meses se ha convertido en una fuente inagotable de paz para mí. Me pregunté qué pensarías si leyeses todo lo que he escrito. Todo incluye esas cosas que jamás publicaré y que escribí pensando que serían sólo para nuestros ojos.

También imaginé que no sabrías que mis gustos habían cambiado. Que gracias a ti hubo un antes y un después. What doesn’t kill you makes you stronger. Empiezo a saber ya lo que no quiero, que es un paso hacia saber lo que quiero.

Otra novedad es que ya no vivo más en el aire que en la tierra. He dejado eso de los aviones y el jet lag y he vuelto a casa una temporada a ver qué tal se me dan las cosas aquí. Resulta un poco irónico decir que después de todo he vuelto cuando lo que acabó con nosotros fue la distancia. Pero también te diría que tengo un pie en Madrid y otro por ahí dando vueltas, esperando a dar el salto hacia fuera en cuanto surja la oportunidad.

Me hubiese gustado contarte que ya no están muchos de los que estaban antes pero los que se han quedado, se quedarán para siempre. Mi círculo de confianza se ha reducido drásticamente pero es cierto que a los pocos que considero amigos de capa y espada, porque siempre están dispuestos a luchar por mí, los quiero como hermanos.

Quizás te interesase saber que estoy bien. Estoy viviendo una de las mejores épocas que he tenido hasta el día de hoy y que esto de ser (o intentar ser) adulta e independiente pinta que se me va a dar bien. He aprendido que cuantas más cosas haces, más tiempo tienes. Y para mí, querido, los días tienen ya mucho más que veinticuatro horas.

Me pregunté si sabrías que hasta el día de hoy eres para mí el tiro más preciso que he lanzado en mi vida. Di en el blanco. Que me arrepiento tanto del día en el que te dije eso de, como canta Nacho Vegas, “si no encuentras fuerzas para salir de aquí, yo las sacaré de donde sea y seguiré sin ti”. Aunque también él dice que “es jodido pero no es dramático, esto no es tan trágico, esto no es un drama, te diré mil cosas por las que llorar”.

Sería divertido contarte que los planes de futuro que te comentaba se están haciendo realidad. Pasito a paso estoy consiguiendo eso de cumplir mis sueños y encontrar mi lugar.

 

En todo esto pensé en el viaje de autobús de vuelta a casa. Hace tres semanas.

Es gracioso. La de veces que había soñado yo con un encuentro casual. La de veces que había imaginado cómo sería.

En ocasiones deseamos con toda nuestro ser que sucedan ciertas cosas y cuando llega el momento nos damos cuenta de que no queremos más que dejar pasar ese tren.

 Imagen

Es gracioso. No he vuelto a pensar en ti.

-Z.

Es el hombre perfecto… pero no es para mí.

¿Por qué hacemos difícil lo que aparentemente es fácil? Esto es algo se siempre me ha intrigado y he intentado evitar, pero me temo mucho que los sentimientos hay muchas veces que no los podemos manejar a nuestro antojo, y que mi querida racionalidad hay a sitios donde no llega.

Me gustaría saber por qué hay veces que conocemos al hombre perfecto para nosotras y no nos gusta. ¿Qué problema hay? Racionalmente no tiene sentido… pero es que yo esto de los sentimientos no lo llego a entender.

 Imagen

Pensé que sólo me pasaba a mi, pero ya he escuchado en boca de mucha gente “es el tío perfecto para mi, pero no me gusta”. Lo siento chicas, si os pasa eso es mejor que no lo intentéis, por desgracia no podemos decidir de quien nos enamoramos…

Pero me gustaría que alguien me explicara porque hay un tío que encaja al 100% conmigo y no me gusta. Ya me he cansado de que mis amigas me digan que les encantaría que saliera con él. Si, yo también sé que pegamos, pero no sé que es lo que falla.

Ha sido mi amigo desde que tengo uso de razón y me conoce mejor que de lo que me gustaría. Ha estado ahí siempre que me ha hecho falta, pero nunca demasiado cerca, porque sabe que me agobio. Ha sabido ver cuando me hacía falta ayuda, y me ha ayudado sin que yo se lo pida, pues como ya os dije en un post anterior el orgullo me suele acompañar.

Imagen

Aún cuando hemos vivido en países distintos hemos hablado todas las semanas, y normalmente más de una vez por semana. Se interesa por mí, me pregunta y me escucha aunque no le interese nada alguno de los temas de los que le hablo. Le echo de menos cuando llevamos unos días sin hablar y siempre me contesta como si le hiciera ilusión que le escriba, estoy convencida que no es una apariencia sino que de verdad le gusta que le escriba como a mí cuando lo hace él.

Es inteligente y trabajador, pero no por ello egoísta ni competitivo. Por el contrario, es muy buen compañero y gracias a él he aprobado más de una asignatura de la carrera. Es organizado y bastante cuadriculado, así que no me saca de mis casillas, a no ser que lo haga queriendo, pues sabe mis puntos débiles. Sabe cómo repartir el tiempo y aunque estudiaba y ahora trabaja muchísimo nunca ha dejado de lado a sus amigos ni sus hobbies, y por supuesto nunca ha dejado de salir.

Imagen

Compartimos aficiones y lo pasamos fenomenal juntos. No nos aburrimos nunca y podemos hablar de cualquier cosa. No hay temas que no podamos tratar ni caretas que ponernos, podemos ser como somos pues nos conocemos demasiado bien.

Salimos por los mismos sitios y tenemos los mismos amigos. Conocemos a las familias de ambos y tenemos la misma educación. Es caballeroso pero sin llegar al exceso, que eso nunca es bueno.

Me hace sentirme bien cuando estoy con él, me da confianza y seguridad en mí misma, cosa que muchas veces me cuesta encontrar. Me ayuda a crecer como persona.

Se me parte el corazón cada vez que me dice que me quiere, aunque cada vez me lo dice menos porque sabe que me parece una situación incómoda.
Me encantaría poder decirle que yo siento lo mismo pero por caprichos del destino no es así. No, no es un cualquiera ni muchisimo menos pero no le quiero como él me quiere a mi.

Imagen

Me ha tratado siempre fenomenal, y sé que probablemente nunca encuentre a un tío que sobre el papel sea más perfecto para mi. Sé que nunca me haría daño ni se reiría de mí, que me cuidaría y que se portaría conmigo como el mejor hombre del mundo. Sé que como dice mi amiga Sandra el día que se case estaré en su boda y pensaré “¿Cómo lo dejé escapar?”, pero lo que no sé es por qué son los sentimientos tan caprichosos que hacen difícil lo que podría ser fácil.

-A.

Sobre cómo llegar a la destrucción

¿Cómo decirte que no otra vez?

Que ya no lo intentes más. Que es inútil.

Que después de haber hecho el esfuerzo tantas veces, es absurdo seguir intentándolo en vano.

Te conozco y sé que te auto convences, montándote películas muy alejadas de la realidad, buscando señales del destino que nunca han existido, y luego vienes, me las cuentas y te enfadas cuando te digo lo de siempre. No es lo que quieres oír pero yo te muestro la verdad. Siempre lo he hecho, siempre lo haré.

Que ya no lo intentes más. Que es inútil.

Llevas así dos años y siempre obtienes una negativa por respuesta. Es hora de replantearse las cosas. Según va pasando el tiempo, aumenta de forma exponencial el grado de desesperación de tus intentos y lo que te hundes tras cada fracaso. Y a mí me duele más. Porque si ya me cuesta ver sufrir a la gente, a los que quiero ni te imaginas.

Me encantaría poder ser tu escudo pero, ¿cómo hacerlo cuando la persona de la que te tengo proteger eres tú mismo? La única persona que conseguirá que te destruyas, no es ella, no, eres tú.

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Y no es que estés sordo, sino que te has puesto la música de fondo que te gusta y omites todo lo demás.

Que ya no lo intentes más. Que es inútil.

1

Una retirada a tiempo es una victoria. Lo tuyo ya se ha pasado de rosca treinta (y una) veces pero mejor tarde que nunca. Deja de defenderla, ella sabe lo que sucede. Lo ha sabido desde el minuto cero. No es que se esté haciendo la dura como a ti te gusta pensar.

Ella no sabe lo que es que vengas todos los sábados, preguntando si entre copa y copa me ha confesado algo de ti, con tanta expectación, que yo te conteste el omnipresente “no” y te pases disgustado el resto del día, semana o mes.

Ella no sabe lo que es verte casi temblar de emoción cuando crees que te ha escrito y la cara descompuesta que se te queda cuando es cualquier otro. Pero eso no es lo peor. Lo peor es cuando la excusas diciendo “sé que lo acabará haciendo”. Y para variar nunca lo hace. Ni lo hará.

Ella no sabe lo que es ver cómo cambia la expresión de tu cara cuando alguien la nombra, aunque sea mínimamente, en una conversación. Ella no ve como te ilusionas al obtener un poco más de información de su vida y como la almacenas, atesorándola.

Lo he intentado todo contigo. Te he consolado. Te he escuchado. Te he mimado. Cuando vi que eso no funcionaba, hice que te chocases contra el muro de la realidad. Llegué a ser cruel cuando te contaba cómo veía las cosas. Pero nunca me hiciste caso.

Dices que estás enamorado de una gran persona, pero esa misma no hace otra cosa que  aprovecharse de la situación.

2

Amigo mío, no sé qué decir ni qué hacer para que vuelvas a ser feliz. Ojalá pudiese yo escribir tu historia y regalarte la tranquilidad. Ojalá pudiese firmar para ti una victoria aplastante en esta batalla. Ojalá este enésimo intento mío por fin te lo haga ver.

Que esto te haga ver que eres la mejor persona que conozco. La más generosa. La más buena. La más todo. El hecho de que ella no vea esto es sólo una prueba más de su estupidez.

Que esto te haga ver que cuando a alguien tan genial como tú no le corresponden, no es por ti, es que ella tiene algún tipo de ignorancia crónica.

Que esto te haga ver que hay otras posibilidades, que no te ates a algo que no te quiere ni de lejos.

Que deja de tener mérito eso de caer y levantarse cuando es la vigésima vez que te han puesto la zancadilla y además a conciencia.

Que a veces pensamos que no hay luz al final del túnel y todo lo de nuestro alrededor está roto, hecho pedacitos. Y cómo no, nos ponemos a arreglarlo con mucho mimo, sin parar a mirarnos en el espejo y ver que lo que realmente necesita un arreglo urgente somos nosotros mismos.

Ya no lo intentes más. Es inútil.

-Z.

Soy así

Tú que me conoces bien deberías saber que no soy la que todos piensan. Esa frialdad que todos me achacan es sólo una careta para no demostrar mis sentimientos. Nunca me gustó mostrarme vulnerable delante de los demás, también deberías saber eso.

 Sé que parezco fuerte, pero me derrumbo igual que todos. Sí, a mi también me afectan las cosas que me dicen, y las que tú me dices más todavía. No puedo mostrar a los demás mis debilidades, sería dejar mis puntos débiles a la vista, y así me podrían hacer daño más fácilmente. Es un escudo para autoprotegerme.

 Tú que me conoces y te metes conmigo por la cantidad de vueltas que le doy a las cosas deberías saber las horas que he perdido pensando en ti, las innumerables noches que no me dormía imaginando las miles de situaciones que me podrían pasar contigo y como actuaría. Deberías saber cuantos viajes en autobús, tren, coche o avión he pasado pensando en nosotros, y es que siempre me ha encantado soñar despierta y tú has sido mi sueño preferido.

Imagen

 Tú que siempre me has dicho que pongo muchas barreras a los demás, que no me dejo conocer deberías saber que es sólo una fachada. Probablemente pongo esas barreras porque soy más sensible de lo que cualquiera piensa, y sí, yo también lo paso mal.

 Deberías saber que esa indiferencia que muestro, o que intento mostrar, cuando me hablan de ti no es más que una falsa apariencia. Y no digamos cuando te veo o me dicen que estás en algún sitio… siempre he dudado si se notará que el corazón me empieza a latir a mil por hora.

Imagen

 Sé que cuando hablan de que alguna lo está pasando mal por un tío yo siempre contesto que nunca he llorado por ninguno, y eso será que es que no he encontrado a ninguno que me haya gustado de verdad. Pero aunque siempre conteste eso deberías saber que no es del todo cierto, que alguna vez si que se me han saltado las lagrimas, y sobretodo que no lo exteriorice no significa que no me hayas importado lo suficiente como para haberlo pasado mal.

 Lo que pasa que sabes que me puede el orgullo, para que lo vamos a negar si siempre hemos tenido nuestra pelea por quién es más orgulloso de los dos. No creo que eso fuese precisamente un punto bueno, más bien al revés fue quemándonos y consiguiendo que pasásemos mucho tiempo sin hablar.

Imagen

 Pero debes saber, que me he mordido la lengua cientos de veces, que me lo he pasado contigo como con ningún otro, y que te he querido como a ningún otro. Ya sé que no es la manera de decírtelo, ni el lugar tampoco, pero tenía que decírtelo y sólo me atrevo por aquí.

 -A.

La lista de octubre

Tras una mini votación en pareja, breve pero intensa, hemos decidido instaurar una nueva tradición: la lista del mes, en la cual os pondremos cosas que (pensamos) merezcan la pena ir a ver, probar o conocer o lo que se tercie.

Ahí va, espero que os guste.

Un sitio para tomarte una buena hamburguesa.

New York Burger, calle Recoletos.

Impresionante. Además de que la carne está tremenda, puedes personalizar los demás ingredientes de tu hamburguesa como te de la gana.

Recomiendo la Chrysler.

Imagen

Un libro para leer.

Ahora me está dando por leer literatura española. Como me apetecía pasar un buen rato, empecé con “Amor se escribe sin hache” de Jardiel Poncela.

“Un día, en cierto brusco movimiento, el esquife dio media vuelta y sir Patricio cayó al lago. Sabía nadar y era hombre sereno así es que, al encontrarse en el agua, sacó su pipa y pretendió llenarla de tabaco, pensando que alcanzaría la orilla nadando únicamente con las piernas.
Por desgracia, había olvidado que el reúma tenía sus piernas inmovilizadas.
Y lord Brums se quedó en el fondo del lago hasta que lo sacaron once días después, envuelto en líquenes y mucho más muerto de lo que conviene a un hombre que tiene cierto interés en seguir viviendo.”

Imagen

Una canción para escuchar.

Esa chica tiene 16 años. No diré más.

Un sitio de excelentes gin tonics.

Martínez. Siempre Martínez.

Imagen

Una película que ver.

Hay que empezar por los clásicos, siempre. Mi película del mes (y bueno realmente del año casi) es Manhattan de Woody Allen, uno de mis directores de cine favoritos.

“¿Tomaron café descafeinado? No es muy romántico. Tiende al lado geriátrico.”

Imagen

Una exposición que visitar.

La Central de Diseño del Matadero de Madrid.

Imagen

Lo han renovado y está espectacular. Merece mucho la pena pasarse después por la Cantina del Matadero a tomar algo.

Imagen

 

Una feria por la que pasarse.

Se va a hacer este sábado y domingo una especie de mini Rastro en el Museo del Ferrocarril en el Paseo de las Delicias. Me encantan los objetos con historia y perderme entre ellos (por muy cliché que suene) así que yo me voy a pasar.

Imagen

Ya me contaréis qué tal las experiencias.

-Z.

Los cambios de la vida

Cuando decidí que me iba dos años a vivir fuera, mi único miedo era volver y encontrarme desubicada, especialmente con mis amigas. Por eso, al leer un texto en casildasecasa (el primer blog que empecé a leer y uno de mis preferidos) sobre los cambios de la vida se lo reenvié a ellas con una nota pidiendo que no cambiaran. Ahora me inspiro en ese texto para escribirles.

Que la vida cambia, de eso no me cabe ninguna duda, pero me gusta pensar que los cambios son para bien, y que lo de verdad importante no cambia.

Cambian las etapas de nuestra vida, pasamos del colegio a la universidad y de ahí a trabajar.

Cambia la ciudad donde vivimos, primero Sevilla, después Madrid, Dublín y vuelta a Madrid.

Cambia dónde vivimos y con quién, pasamos de casa de nuestros padres al colegio mayor y después a compartir piso con amigas.

Imagen

Cambian los novios, de nuestro amigo de siempre a aquel tío que conociste un verano, o el de tu clase de la uni o el amigo de tu primo… cambian pero todos dejan huella.

Cambian los planes cuando cambian los estados de vida, pasamos de estar solteras a con novio o incluso casadas.

Cambian los compañeros, y de estar todas en clase pasamos a tener cada una distintos compañeros de universidad, de Erasmus y de trabajo, pero no hemos sustituido a nadie, sino añadido a nuestro circulo a mucha gente increíble.

Cambian los destinos y los tipos de viaje que queremos, primero soñamos con ir a Paris y conocer la torre Eiffel y Disneyland, luego el interrail, el viaje de ecuador a Punta Cana o el de fin de carrera a India. Cambian los destinos, pero no la ilusión con la que hacemos cada viaje.

Imagen

Cambian las modas, aunque siempre vuelven; de los pantalones campana pasamos a los pitillo pero ya están volviendo los primeros otra vez.

Cambia la música y bailamos La Macarena, La Bomba, Aserejé, waka waka y danza kuduro con la misma ilusión, pero cada una en su momento. También cambia la forma de escucharla, dejamos el walkman por el discman y de ahí pasamos al MP3 y al ipod.

Cambian los temas de los que hablamos y nuestras preocupaciones, pero seguimos compartiéndolas, y discutiendo hasta encontrar la mejor solución a todo.

 Imagen

Cambian las costumbres y las rutinas, de cenar todos los domingos hemos pasado a un caña después de trabajar los martes, pero lo importante que es que nos seguimos viendo un día todas las semanas, eso no cambia.

No cambia lo que nos empeñemos en mantener, y hoy, al llegar a casa después de nuestra reunión de cada martes me pongo a pensar y doy gracias a Dios porque nuestra amistad no haya cambiado.

Imagen

-A.