No hay años malos

“Mi percepción a medida que envejezco es que no hay años malos.

Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son.

Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos.

Por eso, no debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo instancias de aprendizaje.

Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas que no queremos, depende sólo del cultivo de la voluntad.

Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo.

Imagen“Ser feliz es una decisión”, no nos olvidemos de eso. Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año porque todos estamos en el camino de aprender todos los días a ser mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas: -a aprender a amar -a dejar huella -a ser felices

En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:

-Aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento.

El trabajo sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu y nos hace bien en nuestra salud mental.

Ahora el significado del cansancio es visto como algo negativo de lo cual debemos deshacernos y no cómo el privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos entregando lo mejor de nosotros.

A esta tierra vinimos a cansarnos,……. para dormir tenemos siglos después.

-Valorar la libertad como una forma de vencerme a mí mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero.

Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que debemos con placer y decir que estamos felizmente agotados y así poder amar más y mejor.

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-El tercer y último punto a cultivar es el desarrollo de la fuerza de voluntad, ese maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones inmediatas en pos de cosas mejores.

Hacernos cariño y tratarnos bien como país y como familia, saludarnos en los ascensores, saludar a los guardias, a los choferes de los micros, sonreír por lo menos una o varias veces al día.

Crear calidez dentro de nuestras casas, hogares, y para eso tiene que haber olor a comida, almohadones aplastados y hasta manchados, cierto desorden que acuse que ahí hay vida.

Nuestras casas independientes de los recursos se están volviendo demasiado perfectas que parece que nadie puede vivir adentro.

Tratemos de crecer en lo espiritual, cualquiera sea la visión de ello.

La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos tiene que ver con la inteligencia espiritual.

Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso a la conversación, a los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares, a los encuentros con amigos, dentro de casa.

Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias.

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Si logramos trabajar en estos puntos y yo me comprometo a intentarlo, habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los problemas, pero nos hace entender que la única diferencia entre alguien feliz o no, no tiene que ver con los problemas que tengamos sino que con la actitud con la cual enfrentemos lo que nos toca.

Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan. Y que en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican.

Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón.

Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro”.

Mamerto Menapace monje benedictino.

 

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La mejor carta de amor

Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no sólo la escuche.

– O. Wilde

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A veces pienso que ojalá hubiese nacido sabiendo muchas cosas, especialmente de cara a la adolescencia. Ojalá me hubiese quedado con todos los consejos de mi madre, de mi abuela, de mis tías y de las madres de mis amigas. En definitiva, los consejos de mujeres que ya habían cometido los errores que yo iba a cometer y eran la voz de la experiencia. De todas las mujeres más sabias que yo que en ese momento de arrogancia taché de ignorantes. Ojalá les hubiese hecho caso y me hubiese repetido, sólo de vez en cuando, que me aceptase a mí misma. Que me gustase. Que me mirase al espejo y me quisiese un poco más. Suena fácil pero por desgracia a muchas nos ha costado llegar a ese punto. Y hasta que no llegas a él no te das cuenta de toda la diversión que te estabas perdiendo.

Nadie me lo dijo tal cual. Quizás también fue porque yo no lo pedí. Pero es que he aprendido que las cosas que las personas más necesitan oír son las más difíciles de decir.

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Así que hoy digo que no existe nada más bonito que una mujer fiel a sus valores y contenta con su físico. Y que va a por todo. Baila hasta que se agota. Grita hasta quedarse afónica. Salta hasta que no puede más. Mira con un poco más de descaro pero nunca pierde del todo la inocencia. Se bebe una copita de vino en las cenas. O dos. Y se toma un buen trozo de chocolate después.

Descubre el placer y felicidad en lo pequeño, que al final del día, es lo que queda. Una mujer bonita es la que se olvida del “qué dirán” y se viste como se encuentre más cómoda y guapa. Que no hay mejor conjunto de ropa que la satisfacción ni mejor maquillaje que una sonrisa. Que una mujer de verdad hará que el vestido menos apetecible de la tienda resulte ser el más impactante.

¿Que te apetece esa trozo de tarta? Qué más da, cómetelo. ¿Que te gusta esa falda? Cómpratela. Ya nos meten demasiadas preocupaciones los demás como para imponernos nosotras más.

Hay que reír más. El doble. El triple. Hay que soltarse la melena, en el sentido metafórico y no tan metafórico. Hay que mirarse a una misma y hacer lo que realmente queremos, no lo que demás esperan de nosotros.

Jennifer Lawrence - Portraits

Somos la generación de mujeres más privilegiada y con más oportunidades que ha habido en toda la historia de la humanidad. ¿Tú sabes lo que significa eso? Somos las primeras que podemos hacer lo que queremos en miles y miles de años. Que nadie tiene ya la capacidad de ponernos límites. Que podemos pedir ayuda y, por primera vez, nos la darán. Que por fin no nos juzgarán por seguir nuestros sueños.

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Corre hasta el fin del mundo y más allá. Porque tú puedes. Sólo hay veces que nos falta el pequeño empujón, esa motivación. El regustillo de la victoria, de la superación, es el mejor que he saboreado.

No te midas con los demás porque eso no te llevará a ninguna parte. Tienes que estar por encima de esas comparaciones estúpidas. Compite contigo misma. Así es como se llega a la mejor versión de lo que tú quieres ser, no lo que la sociedad quiere que seas. La pasión e insatisfacción son los mejores combustibles para llegar lo más lejos posible, no la conformidad y el rendirse. Lo fácil nunca fue lo que mereció realmente la pena.

Disfruta. Y recuerda que es mejor arrepentirse de haber hecho algo que tirarte el resto de tu vida pensando “y si hubiese hecho…”.

Ve mundo. Por favor. Es lo que más te puede aportar en esta vida. No te enjaules entre cuatro paredes, sabiendo lo que te espera ahí fuera. Es todo demasiado grande y bonito como para hacerlo. Así que aprovéchalo.

Pregúntate qué es lo que le dirías a ti misma con 14 años. Y ahora aplícate el cuento porque ese será el mejor consejo que te hayan dado en tu vida.

Si crees que ella te daría mejores consejos de los que podrías dar tú ahora, cambia de ruta, de sentido, de trayectoria. Nunca es demasiado tarde si tú quieres. El “no” siempre lo vas a tener y el “sí” es un abanico de posibilidades infinito.

Nos dicen que tenemos que querer a los demás pero se les olvida mencionar que, para hacer eso correctamente, tenemos que empezar por el principio: queriéndonos a nosotras mismas primero.

El peor límite que nos podemos imponer paradójicamente es el que nos creamos nosotras solas: el miedo. Cuando te hayas deshecho de él, verás. Verás que puedes conseguir todo y más, solo tienes que decir que lo quieres.

Si muchas mujeres son amigas infalibles, madres inamovibles, hermanas defensoras, hijas modelo, trabajadoras 24/7, novias felices, esposas fuertes, profesionales hasta el final y amantes únicas, todo esto en un solo día, ¿por qué no vamos a ser también seguidoras de nuestros sueños, buscadoras de la felicidad y huracanes imparables?

Todo esto, aunque lo aprendí tarde, me ha servido de mucho y por eso lo quería compartir. He aprendido la lección y, si algún día tengo una hija, no pararé de repetírsela porque si vives en base a esto, todas las demás cosas buenas vendrán solitas.

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– Z

“Tiene Novia”

Me ha llegado un mensaje de una MUY amiga mia, sólo las buenas amigas nos informan de este tipo de cosas: “A, Ignacio tienen novia”.

ZAS! Me cae como una jarra de agua fría. –Que? No puede ser- pienso. Pero ¿Cómo no va a poder ser? ¿En qué momento me creí que él no iba a ligar con otras? ¿En qué momento pensé que no iba  a tener otra novia? No sé, la verdad que no sé como he podido pensar eso si ni siquiera hablábamos. Supongo que ha sido mi subconsciente, el que me ha jugado la mala pasada.

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Hace ya más de seis meses que discutimos, ha pasado el verano de por medio, volvimos a Madrid y nada, no nos reconciliamos. No hemos vuelto a hablar más que el día de su cumpleaños que le felicité y fue una conversación muy cordial. Nos hemos encontrado un par de veces y la única conversación ha sido un “Hola, qué tal?” pero nada, yo parece que no había asumido que se había acabado.

Le contesté a mi amiga “bueno, ya sabíamos que no iba a pasar nada” Hazte la dura, hazte la dura, a ti no te importa… Eso es lo único que podía pensar. Pero ella, que me conoce demasiado bien, me dio luz verde para que me desahogara…  Y entonces le dije: “para que nos vamos a engañar, en verdad me jode”, y como las buenas amigas me llamó aunque yo le dijera que no hacía falta. Entonces, con el teléfono en una mano y una taza de té en la otra empezó la laaarga conversación en la que íbamos enumerando todas sus cosas malas y lo maravillosa que yo soy.

Él se lo pierde y ya se dará cuenta. Esa fue la original conclusión.

Pero a quién vamos a engañar, siempre se repite la misma historia. Da igual el tiempo que llevemos sin hablar con un ex – ligue, o sin verle o sin lo que sea, que si no hay otro vamos a seguir pensando en él.

Y yo en el fondo seguía pensando que igual algún día pasaría algo. Que iba a venir a mi a decirme que se había equivocado e intentar reconquistarme. En definitiva, tenía la oculta esperanza de que esas historias que yo soñaba despierta pudieran llegar a pasar.

ImagenPero no, no se había equivocado y no ha venido a mi. Se ha enamorado de otra y ahora es con otra con la que va a cenar. Como será? ¿Será guapa, simpática, lista? ¿Qué edad tendrá? Seguro que es mucho más pequeña, tendrá un tipazo y él la paseará orgulloso… Empiezo a imaginarme como es ella hasta que me doy cuenta que es mejor no saber quién ni como es. No quiero meterme en su Facebook, no quiero ver fotos de la parejita feliz y no quiero que me hablen de ellos. Pero habrá que asumirlo, me ha sustituido.

Entonces empecé a convencerme de que iba a adelgazar, a ponerme en forma y a ser la tía que todos iban a querer conseguir. Que él me iba a mirar e iba a pensar “mierda, vaya pedazo de oportunidad perdí” Y mi imaginación fue volando por decenas de situaciones en las que me lo encontraba, y mi actuación era perfecta en cada una de ellas. 

ImagenPero NO, no van a pasar porque ya se acabó, y ahora él tiene novia, y ni sé ni quiero saber quién es ella para no empezar a comparar. ¿No podría haber sido yo la que encontrara a alguien antes? ¿Por qué siempre el que sale peor de una relación es el que más tarda en encontrar al “sustituto”? No es justo, debería ser al revés.

En fin, después de ese mensaje, de esa cura de humildad y de ese poner los pies en la tierra de golpe. Me llevo unas cuantas lecciones aprendidas, una decepción que pasó por tristeza pero que rápidamente mi amiga supo convertirlo en un propósito, en una ilusión y en mirar al futuro y decir, ¿Y si él ha encontrado a alguien, por qué no lo voy a encontrar yo?

ImagenYa llegará el tío que me sepa apreciar, y mientras Ignacio que sea feliz con su nueva novia.

-A.

No es lo que parece

Hace poco me acordé del BMW viejo de mi abuelo. Recuerdo su chasis verde oscuro, la tapicería áspera de tela gris, su olor característico, y de los momentos en los que nos metían a siete primos detrás y nos sentábamos los unos encima de los otros. Era cuando aún el cinturón estaba infravalorado hasta tal punto que no existía en los asientos traseros. Yo tenía diez años y me parecía el coche más bonito que había visto.

Pero de lo que más me acuerdo es de la radio que tenía. Era de esas que solo se encuentran en los coches antiguos, que se podían sacar para guardarlas porque, de la noche a la mañana, te habían roto la ventana y había “desaparecido”. A veces mi abuelo nos daba el capricho de dejarnos poner la música un poco más alta y todos gritábamos y berreábamos, porque eso no era cantar.

Y el otro día resulta que todo encajó. Se me encendió la bombilla. Y caí en la cuenta.

Tú eres como una radio antigua.

Esa radio eres tú.

Porque a simple vista encaja perfectamente en su hueco y con la estética del coche. Además está en un lugar que es admirada por todos. Era el último modelo de su generación. Tenía esos botones tan bonitos y esa pantalla tan atractiva. Yo sintonizaba con ella que ni te imaginas. Me ponía la mejor música a la más alta calidad y disfrutaba. Disfrutaba como nunca.

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Y era feliz en el coche con mi radio genial, siendo la envidia de todos y no había ni una preocupación que pudiese entrar porque las ventanillas están bien subidas y el aire sellado herméticamente. Nadie más entraba en ese ambiente perfecto, casi surrealista. Demasiado bueno para ser real. Ese tono musical era sólo para mí y mis oídos.

Me paseaba en el coche con la radio puesta, llena de felicidad, pensando que era lo mejor que me había podido pasar en no sé cuánto tiempo.

Y así unas semanas. Unos meses. Un tiempo. Pero llegó un día en el que tuve que dejar el coche un poco de lado. Ya no le podía dedicar tanto tiempo. Era el momento de volver al mundo real.

Y es que resulta que a partir de ese momento mi radio empezó a sintonizar un poco peor. Ya no me entendía igual. Al principio me lo tomaba como una excepción y lo dejaba pasar. Y como cuesta afrontarlo, no dejé que a la tercera fuese la vencida, sino más bien a la duodécima.

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No la oía igual. No disfrutaba igual. Y me empecé a fijar en que tampoco encajaba tan bien en el coche como creía. Ya no estaba ciega y empecé a ver los defectos de fábrica. Aun así, decidí ser fiel a mi radio porque me acordé de la ilusión que me hizo al principio. Decidí ponerme del lado de la ignorancia y que no me importase que todos los demás canales se oyesen cada vez peor porque mi estación favorita seguía en funcionamiento. Hice la vista gorda y escuchaba solo esa estación. Me callaba porque era más fácil engañarse. Era más cómodo seguir así que afrontar la realidad y admitir que mi radio ya no era la de siempre.

Sin embargo, cada vez sintonizaba menos, hasta que dejé de oirla del todo. Solo había ruido. Ese ruido crujiente y envolvente, con miles de chispas, que llega a ser ensordecedor. Esos viajes en coche, que tanto me apetecían, se habían vuelto amargos. Y me di de bofetada contra la realidad. Vi que tenía la opción de quedarme con una radio defectuosa que funcionaba un día no y otros siete tampoco, o sacarla del coche definitivamente porque ya no le encontraba el sentido a la situación. Al paredón.

ARCHIVES - SERGE GAINSBOURG ET JANE BIRKIN EN VOITURE - SANS DAT

Llegaron los ratos de indecisión. De pedir opinión, ayuda o lo que se ofreciese. De SOS a gritos en silencio. De miradas furtivas. De la duda. De preguntarse si merecía la pena arriesgar.

Pero es que mientras pensé en todo esto, se me adelantaron. Tomaron la decisión por mí. Fui a coger el coche y vi que en vez de estar la ventana del copiloto, lo que había era un millón de fragmentos de cristal en el suelo, dispersos por todas partes. Y pensé que era irónico que esa imagen tan sencilla plasmase tan bien lo que sentía.

Me asomé al interior del coche a través de esa no ventana para analizar los desperfectos. Lo primero que vi era que mi radio ya no estaba. Sólo quedaba un hueco rectangular, negro. Y, sobre todo, vacío. Que después de tantas señales y avisos que había tenido, y me había negado a recibir, se la había llevado otra persona.

Esa radio eras tú.

Así que cambié. Cambié de coche, de radio, de vida. Y opté por algo mejor. Me costó pero compré un coche nuevo. Me lo vendieron diciéndome que era más manejable, aerodinámico de última generación y que consumía el que menos. Pero verás, eso no es lo que más me gustó. Lo mejor que tiene es su radio. Es más discreta pero mil veces más fiable. Es de las que sabes que jamás se va a romper. Y encima es imposible que encajase mejor. Tiene memoria para guardar las emisoras así que siempre se acuerda de todo. Lee CDs además así que entiende mis gustos perfectamente. Nunca hace esos ruidos estridentes, siempre da en el clavo con el número de emisora. No me falla. Y, por primera vez en la vida, escucho la música con las ventanas y capota bajadas a todo volumen. No me da miedo que entren las preocupaciones porque sé que jamás existirán. Me da igual porque sé que, pase lo que pase, esa radio siempre será mi radio.

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Y es que hay veces que es mejor contar las cosas así porque una historia cala más hondo que cualquier otra palabra, mirada o gesto.

La radio solo tiene una cara, cuando debería tener dos.

– B. Bretch

– Z

Imágenes de: Oktoberkind, The girl with the little curl,

Uno entre cuarenta

Desde el día en que te vi, supe que serías alguien especial. Hacía mucho que no sentía aquel cosquilleo en la tripa, como cuando tenía quince años.

Allí estabas tú, sentado, al otro lado de la sala. Seríamos unos 40, pero en cuanto pronunciaste tu nombre, mi mirada se dirigió hacia ti. Directa, como si nada más existiera. Y de repente, te giraste. Y me miraste. Y nuestras miradas se cruzaron. Simplemente me gustaste. O quizás fue tu voz. No estoy muy segura.

Tenías una voz tan grave, tan sencillamente perfecta. Cada palabra sonaba mejor saliendo de tu boca.  Y yo tenía ganas de escucharte y poder imaginarme miles de historias contigo. Tanto que después de ocho horas de tenerte frente a mí, llegaba a casa, y seguía pensando en aquella voz que me había enganchado en cuestión de segundos.

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Día a día, comenzamos a ser amigos. Y me sentaba a tu lado, y las cuarenta personas se habían reducido a un “nosotros.” Porque nada más me importaba allí.

Pero de repente, me di cuenta que nuestra amistad ya no era una simple amistad, sino que había ido más allá. Y ya no eras aquel simple compañero de clase. Ahora me llamabas por teléfono y me contabas tus miles de historias y batallitas. Comías en casa y venías a verme. Y otras veces me escribías lo guapa que estaba, y lo mucho que te gustaba con mis gafas RayBan.

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Un día, sin saber porqué, decidiste arriesgar por esa “más que amistad” y me robaste un beso. Un beso de esos que hacen que tu corazón deje de latir por cuestión de segundos. Un beso de esos que ayudan a que por un instante, todo lo malo se te olvide.

Creía que por fin había encontrado a la persona adecuada, a aquella persona que haría que todos los días fueran diferentes, y me ayudara a cambiar a esta “chica-desastre”.

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Pero un día, te agobiaste.

¿Qué típico suena, verdad? Si, chico-chica. Chico se agobia, chico la deja, chica llora, y voilá. Fin de la historia.

Y así fue. Decidiste cortar todo tipo de relación, pero con un “somos amigos, ¿verdad?”.

No quería saber nada de ti. Habías hecho que fuera una persona diferente, lo habías conseguido. Pero también conseguiste romperme en mil pedazos.

Sí, estaba rota por dentro. Pero cada día conseguía levantarme con una sonrisa, para demostrar que quien quiere, puede. Y estudiaba doce horas al día para no pensar en ti, en aquel día en que me prometiste que jamás te irías.

Y hoy. Hoy me pregunto, ¿Dónde estás? ¿Dónde has dejado aquellas promesas incumplidas?

Sigo esperando a que vengas a por mí, a que me sigas cambiando, pero solo para mejor, por favor.

Sigo esperando a que me recojas para cenar sushi, mirar pelis, y tirarnos la tarde viendo la saga de “Star Wars”, porque sé que te gusta.

Sigo esperando a que me expliques Contabilidad, o mejor Finanzas, y que entre ejercicio y ejercicio me robes un beso, de esos que tanto me gustaban.

Sigo esperando a que me lleves al cine, y veamos “Frozen”, como tanto me habías prometido. Y que compremos el “menú combo”, ese, el de gordos, para luego no acabarlo.

Sigo esperando a que comas en mi casa los jueves, para luego ir a clase. Ah, no, que ya hemos acabado, y ya no hay jueves que valga, ni comida que quieras.

Sigo esperando a que me digas que quizás, si que llegarás a quererme, porque quieres que sea la madre de tus hijos, o quizás no, pero que me quieres junto a ti.

Sigo esperando a que me mandes esos mensajes de buenas noches y buenos días que tanto me gustaban y que, andando por la calle, me cojas de la mano y la aprietes bien fuerte. Como cuando no querías dejarme ir porque decías que me echarías de menos.

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A que me cuides como has hecho conmigo durante mucho tiempo y que, a pesar de mi mal despertar, te siga gustando.

Sigo esperando muchas cosas que se que jamás llegarán.

Porque me dijiste que conmigo estás bien, pero sin mí estás mejor.

Porque me dijiste que no estabas preparado para estar conmigo, pero sin mí tampoco, y ahora actúas como si nunca hubiera pasado nada.

Porque no eres capaz de aclararte y yo tampoco. Porque es una historia sin final establecido. Pero yo ya no estoy dispuesta a esperarte, porque a medida que el tiempo pasa, el dolor aumenta.

El tiempo pasa y con él los días, y por eso me duele tener que verte cada día, y ver a aquel chico que tras esa fachada de bueno, escondía algo completamente diferente. Duele saber que has esperado a aquella persona durante tanto tiempo, y no ha hecho más que marearte. Pero a pesar de que me haya costado tanto, poco a poco estoy consiguiendo dar un paso hacia delante y dejarte atrás.

Cuesta, ay ni te imaginas cuanto, pero te aseguro que más cuesta convivir con este dolor.

Y ya no estoy dispuesta a seguir con esto, no. Porque puedo asegurarte que encontraré a alguien que esté dispuesto a arriesgar por mi, a aceptar mis locuras, mis cambios de humor, mis ganas continuas de comer sushi, y tantas otras cosas más que tú no has querido conocer.

Y cuando eso pase, te darás cuenta que los billetes de este tren se han terminado. Que quizás ese día hayas decidido arriesgar. Pero querido amigo, para entonces será demasiado tarde. Y entonces ahí es cuando te des cuenta que he conseguido ponerle punto y final a esta historia, aunque inevitablemente duela, para poder empezar una nueva.

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Fin.

“El final de un viaje es siempre el principio de otro. El cambio es doloroso y siempre tiene un precio. Duele soportar ese precio pero no podemos permitir que eso nos domine. El mañana es un misterio y lo único que podemos hacer es afrontarlo con determinación. Seguimos adelante, siempre adelante, hacia lo que sigue. Tomamos una decisión, nos comportamos de acuerdo con ella y no hay más que vivir y esperar.” (Anatomía de Grey)

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Lista de Marzo

Y… un mes más aquí estoy, para dejaros del mes… Y aunque Marzo nunca ha sido mi mes preferido, eso de que esté haciendo buen tiempo empieza a animarme, lo presiento, va a ser un buen mes!!!

Un restaurante de más de 30 euros en Madrid: Maldonado 14.
He ido un par de veces últimamente a este restaurante y me encanta: por su steak tartar, que cada vez que voy me gusta más. Por las cocochas de merluza rebozdas o en salsa verde. Por el arroz con bogavante, de los arroces más sabrosos que he probado. Y por acabar con su famosa tarta fina de manzana. Además el trato es excelente, sin duda lo recomiendo!

Un restaurante de menos de 30 euros: Mad28001
Este restaurante de la cadena de Wagaboo es una opción buenisima para ir a tomar algo con amigas. Recomiendo las pizzas (aunque aviso que son pequeñitas) y los dados de solomillo con salsa teriyaki. Además los jueves promocion tiene promoción de mojitos!!

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Un libro: La Verdad Sobre el Caso Harry Quebert. Como ya recomendaron en el blog la recena (blog que os animo a leer a los que no lo conozcais) Harry Quebert es un libro de esos que engancha, que cuenta una historia distinta y que hace que tengas ganas de leer por cansada que estés.

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Un viedo, un homenaje, una canción, un paso doble, un extracto de los carnavales de Cádiz….

Es un homneaje a Paco de Lucía de la comparsa Los Hippytanos. La escribieron en sólo un día para representarla en el teatro Falla al día siguiente de que muriese de Lucía. Espero que os guste!!

Un plan del que llevo tiempo queriendo hablaros: bbike madrid o la bici-birra como le llaman mis amigas. Ahora que empieza el buen tiempo, me parece una opción perfecta para que un sábado cualquiera se convierta en uno diferente!

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Una exposición: Genésis de Sebastiao Salgado. Caixaforum.

Es una exposición de fotografía que se va distribuyendo por las distintas partes del mundo. Nos enseña las diferencias entre culturas y los maravillosos sitios que hay. Eso sí, salí de allí con una envidia tremenda y planeando en mi cabeza los miles de viajes que tengo que hacer!

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Una serie: Nunca pensé que yo fuera a recomendar una serie, la verdad, no soy nada de televisión pero por alguna casualidad vi un capitulo de Orange is the new black con mi hermano pequeño y desde entonces es la única serie que sigo. Es diferente a las típicas de siempre, y da giros inesperados que es lo que hace que más me encante. Para los que no la hayáis visto, ya sabeis.

Y…. por último sólo deciros que en Marzo Lo que ellos no saben cumple un año!!!! Gracias a todos porque sin vosotros esto no podría haber salido adelante!!

Que tengáis buen mes!

-A.

El primer día del resto de mi vida

Recuerdo que hacía frío y que era ya de noche. Me acuerdo la sensación de pereza, de no querer ir a esa cena, de que yo estaba muy a gusto en ese bar, con una copa en la mano y las ganas de bailar en la otra, y lo último en mi lista era ponerme seria para ir a un restaurante. Hoy doy gracias por pensar en ese momento que la gente que cancela en el último momento es detestable. Por eso cogí el abrigo y fui a la dichosa cena. Llegué al restaurante tarde pero aun así era la primera de todos. Si no recuerdo mal, era el comienzo de mi etapa de obsesión con el vino así que me pedí una copa, para amenizar la espera. Podría contarte mil detalles más de esa noche pero hay uno que sé que jamás se me olvidará: el momento en el que vi que tú me miraste. Y ahí lo supe. Tú ya me entiendes.

Se me hace gracioso pensar que durante años nos relacionábamos a base de “holas seguidos”, esos en los que te encuentras a alguien en el pasillo, saludas brevemente y sigues andando porque en realidad nunca te llegaste ni a parar. Y una noche de diciembre, sin aviso previo, después de años sin contacto alguno, nos re-conocimos.

Y lo demás ya quedó entre tú y yo.

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Porque a partir de ese día por primera vez el contador sumó en positivo. Por primera vez las cuentas salían. Por primera vez no era ciencia ficción, sino realidad. Por primera vez supe que podía arrancar y que me podía embalar, olvidándome de los frenos y divirtiéndome, no con la brisa, sino con un huracán en la cara a mil por hora.

Es que entraban ganas de irse a cualquier otra parte, con tal de que fuese única y exclusivamente contigo. La idea era firmar un contrato de ausencia indefinida y desaparecer del mapa. Y por el camino convertirnos en el mejor equipo de dos que jamás hubiese existido. Porque no, necesitábamos a nadie más. Porque sí, era una superación de expectativas constante.

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Esa sensación de haber encontrado el “punto y final” no era pura corazonada, sino es que simple y llanamente ya no había sitio para más puntos. Todo lo habías llenado tú.

Hay veces que después de tantas decepciones has enterrado ese sentimiento tan profundamente que se encuentra casi en el centro más oscuro de tu ser, y en teoría es imposible que salga algo nuevo. Digo teóricamente porque si resulta que se entierra en un buen suelo, dará lugar, en el momento justo, a que crezca algo genial. Algo que supere a todo lo anterior con tal magnitud que será imposible comparar porque eso sí que es jugar en primera división y todo los demás simples partidos de aficionados de domingo por la mañana. Get ready to get your mind blown.

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Bienvenido a mi lista de obsesiones, de seres permanentes y triunfos inminentes.

El día que te sentaste en la mesa de ese restaurante fue el momento en el que empecé a desempolvar palabras y reinventarlas, dándoles un nuevo significado. “Ir a cenar” ya no era comer con cualquiera sino experimentar el mayor de los subidones contigo. Los “nervios” no eran algo que se experimentaba antes de un examen o una entrevista, sino los veinte elefantes, que no mariposas, que se materializaban en mi estómago cuando te veía. Y la “ginebra” no era ese vaso que tenía el don de convertir la noche en prometedora, sino el recuerdo del sabor de nuestro primer beso.

Contigo aprendí que a veces los mejores momentos de nuestras vidas son aquellos que transcurren en silencio. Que las palabras suelen sobrar. Y las formas también.

A tu lado todo me sabía a poco, “más” nunca era suficiente y “ya” llegaba media hora tarde.

¿Y qué decirte que no hubieses intuido ya? Hacía ya tiempo que te había entregado el mapa de mi alma. Que eras mi presente y no había día sin ti. Ni hora ni minuto, para qué engañarse. Hacías que eso de la telepatía, la conexión, la chispa fuesen cosa del día a día. E, irremediablemente, sólo siendo tú, conseguiste que te quisiera de una forma inexplicable y ya no existía palabra en el vocabulario español capaz de describir lo que eras para mí.

Había veces que intentaba que no me gustases, y sólo sentía más. Me encantabas y me encantaba que me encantases. La mejor sensación era la de tenerte muy cerca y pensar que sería genial que algún día estuviésemos tan pegados hasta el punto de fusionarnos. Me enamoraba tu sonrisa, tan especial, tan para mí. Tu sello de identidad. Me gustaba cuando nuestros ojos se fijaban y, sin haber abierto la boca, nos lo habíamos dicho todo. Me encantabas incluso con barba, que fíjate que la odiaba porque me lijaba la cara. Me encantabas aquí y allá, lejos y cerca, pero cuanto más cerquita mejor.

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Y te hablo en pasado porque es que hoy describir el ir a cenar contigo como un subidón se queda corto, los veinte elefantes son ahora ochenta, nuestro equipo se está perfeccionando y el momento de irnos a cualquier otra parte de forma indefininda se aproxima, los besos no tienen uno sino un millón de sabores y recuerdos, la primera división se nos quedó pequeña hace mucho, ese “punto y final” ocupa todo el horizonte, el huracán ya ni lo noto porque esto lo superó hace bastante tiempo y los “holas seguidos” se han transformado en un gran “me quedo“.

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