La importancia de decir adiós

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Quedemos para hablar. Quedemos para hablar de nosotros. Volvamos a intentarlo, que por un quinto ruedo ya no queda lugar para matarse un poco más de la cuenta.

Hablemos en a ese lugar. No me preguntes cuál, lo sabes sin que lo diga. Ese lugar nuestro en el que se nos olvida la importancia de decir adiós.

Y ahí podemos pintar una historia paralela, un nosotros que nunca fue pero que irónicamente siempre será. Podemos pensar que es posible sentir el tacto a kilómetros unos cuantos centímetros más cerca. Podemos imaginarlo, no hay que esforzarse mucho, solo si nos olvidamos de que yo no soy de dar de más y tú ya estás de menos.

Pero, venga. Decidido. Nuestra historia paralela.

Cuéntamela de tal manera que, si supera la ficción, será realidad. Cuéntamela con esa canción que me gusta de fondo. Sin prisas. Saborea las palabras. Así es más fácil engañarme y hacerme creer que nuestra suma a medias sí que puede acabar de formar un todo.

Y, mientras me la narras, haz eso que se te da tan bien. No me ligues, conquístame. Volveré a caer y lo sabes. Esos ojos revueltos y esa sonrisa torcida serán suficiente distracción. Y, si te da miedo contarla en alto por eso que dicen que las palabras habladas se convierten en verdad, escríbemela. Que escribir es besar con la mente, y tus besos están en mi lista persona de éxitos de verano.

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Descansemos de la culpa y la traición. Desconectemos. Off. Creo que eso se nos puede dar bien y, si no es el caso, no pasa nada, sólo nos ven las azoteas y las estrellas. Somos invisibles, aunque definitivamente no invencibles.

Pero no dejes de contarme nuestra historia de lo que pudo ser. Siempre me gustó el tono de tu voz. Ábreme los ojos de par en par y así yo me soltaré la melena y me pondré el disfraz de las noches de sábado, ese que insinúa ser para otros pero grita a más no poder “sólo para ti”.

Pero sobre todo dame de golpe en el centro de mis debilidades, en mi diana, que yo te devolveré el tiro. Transforma mi realidad pero en una justa medida. No te vengas arriba con el calor.

Inspírame una vez más. Haz que escriba. Haz que me vuelva a encontrar en este lugar. Provoquemos nuestra primera despedida, como dirían los últimos románticos, que sino esto no es ni será una locura real. Y cuéntame esa ficción de cómo nos escaparemos a la casa de tus padres en la playa. Sin que nadie lo sepa cogeremos el coche y desapareceremos del mapa. Veremos de todo porque viajar contigo no es hacer turismo.

Y ahora, a modo de gran final, déjame que te parta el corazón, y a cambio anúdame la garganta. Ya no me acuerdo bien de quién es el turno. A lo mejor esa es la razón por la que volvemos siempre.

Y cuando hayas acabado de contarme cómo funcionará todo esto, no me des media hora más, dame la historia de mi vida. Acaba por prometerme que cuando pases por ese bar siempre te acordarás de mí y yo juraré guardarte un lugar eterno, por mucho que me duela.

Y, aunque pueda que no pueda ser, aunque tenga final firmado y le queden dos segundos para esfumarse en humo, quiero que esto, sea lo que sea, merezca una amarga pena.

– Z

Fotografías: Anónimo, Anónimo