El plan B

Nos dejamos por el camino. Sacrificamos grandes sueños a cambio de lo aceptable. Nos quedamos con la opción fácil, por falta de fuerzas o, peor aún, falta de ganas. Olvidamos que quien no arriesga, nunca gana, y que para poder querer al de enfrente, hay que empezar por quererse a uno mismo. Dejamos que la vida pase y pase y cada 31 de diciembre proponemos el gran cambio que el 4 de enero acaba caducando. Nos desvivimos y nos desgastamos. Posponemos. Retrasamos. Olvidamos.

Y al final nos convertimos en nuestro propio plan B.

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A todos nos llega un momento en el que podemos elegir ser de los que viven o de los que dejan el tiempo pasar. Y a mí me han abierto los ojos de par en par. Me han demostrado que la vida son dos días y uno te lo pasas trabajando. Que hay cosas que se tienen que acabar para que otras nuevas puedan empezar. Que más vale disfrutar porque el viaje es solo de ida. Que cometer errores es humano y no hay que castigarse de más. Que hay que olvidarse de los que nos hicieron daño porque, créeme, acabarán poniéndoles en su lugar. Y que, sobre todo, los malos sentimientos tienen que ser cosa de otros.

Que los que te quieren para siempre, siempre estarán. Condición necesaria y suficiente. Que hay que levantarse con unas pocas ganas de comerse el mundo para evitar que todo se vuelva gris. Y si llegas al punto de aburrirte, replantéatelo todo porque seguramente no esté compensando.

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Que cuando empezamos a llorar más de la cuenta, toca celebrar. Celebrar aquellos que están y aquellos que ya no estarán. La cuestión está en que cada uno de nosotros somos el conjunto de las personas que han estado en nuestra vida. Así que quiere a cada uno de ellos y recuérdales, a tu manera. Recuerda que la gente puede sorprender y mucho y verás que los que crees que se han olvidado de ti aparecen para alegrarte un viernes cualquiera. Comparte con los que importan y deshazte de los que no. No te compliques. Y quédate con los que inspiran, esos que sin despegar los labios nos enseñan las mayores lecciones, porque son los que merecen la pena.

Cuando te quedes sin ánimos de seguir peleando, recuerda que lo que fácil viene fácil se va. Hay que luchar y duro. Y gritar ayuda, hazme caso. Disfruta de los pequeños lujos porque su suma es muy grande. Despertarte en la playa con tus amigos, aprender a conducir con tu primo o jugar a las cartas con tu padre a simple vista pueden no parecer mucho pero te aseguro que, con el tiempo, acabarán siéndolo todo.

Y ahora toca poner un pie delante del otro y mirar al frente. No hay que creer en los finales tristes. Todo es cuestión de perspectiva.

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– Z

Para Sergio, siempre te echaremos de menos.

Fotografías: Anónimo, James Dean, Anónimo.

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De los de siempre

Quiero uno que merezca la pena.
Quiero uno sin rebotes. Sin horarios limitados. Ni tiempos de descanso,  ni silencios recargados.
Quiero uno que cale hondo, irrompible, que no se note al respirar.
Quiero uno que sea duradero y verdadero. A partes iguales.
Quiero un amor de los de siempre.

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Quiero uno para toda la vida, para dar la vuelta al mundo, que no tenga fecha de caducidad ni que venga con garantía porque se espera que se estropee. Pido lo básico: que me quieras en mis mejores y peores momentos porque yo estoy dispuesta a quererte en todos y cada uno de ellos. Quiero que me rompas la monotonía de la rutina con una simple llamada. Y que también me rompas mis esquemas. Quiero ser como esa pareja que celebra sus bodas de oro a lo grande. Pero ya no es tan fácil como antes. Ahora es lo temporal lo que gusta y el dejar de luchar cuando no conviene. Rendirse, porque es fácil. Llámame anticuada pero quiero un amor de los que ya no está de moda.

Quiero un amor de esos en los que si salto yo, saltas tú, porque así por lo menos caemos juntos. Quiero un amor para pasearme por la vida, siempre de la mano. Quiero un amor en el que los dos nos transformamos en una persona. Quiero uno en el que hago cosas que no me gustan porque a ti te hacen feliz. Y que a la primera persona a la que llame para contarle la noticia de mi vida seas tú. Quiero que me dejes el último bocadito del postre y yo despertarte con tu canción favorita. Y quiero conocer todas y cada una de tus manías y rarezas. Quiero un amor que se siente de forma inconsciente, debajo de la piel, eléctrico. Quiero mirarte a los ojos y morir.

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Quiero dejarme de suspensos.
De caminos cruzados y equivocados.
De fichar salidas y entradas.
De tiempos finitos y atajos.

Quiero que para mí no exista otra cosa que no seas tú y que para ti no exista otra cosa que no sea yo. Quiero que vengas para quedarte. Y que no haya forma de echarte. Quiero que nuestras despedidas siempre sean difíciles pero sin preocupaciones. Quiero dar las gracias todos los días porque tú me has elegido a mí. Y quiero que seamos capaces de reírnos en los momentos más serios. Quiero uno en el que, si discutimos, que sea por cosas nuevas y no los reproches del pasado. Quiero que compartas mi vocabulario, palabras que hoy ya no se oyen demasiado: confianza, prioridad y respeto. Quiero luz y aire limpio.

Quiero que “andemos sin buscarnos pero sabiendo que andamos para encontrarnos”. Quiero dar contigo cuando realmente esté preparada para agarrarte y no dejarte nunca ir. Quiero una historia de las grandes donde no haya hueco para pequeñeces y jugármela a un todo o nada sabiendo que la casa siempre gana. Quiero que sepas quererte y así poder quererme a mí.

Quiero que nunca me faltes. Quiero un amor indisoluble. Que me entiendas sin despegar los labios. Y que yo sepa leer tus silencios. Quiero conocer cada uno de tus gestos por haberlos visto repetidos una y otra vez.

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Quiero nuestra casa.
Nuestras costumbres.
Nuestra vida.

Quiero estar donde tú te encuentres. Y que siempre me busques en una habitación llena de gente. Quiero que la vida dé muchas vueltas y que cada una que tachemos en el calendario sea juntos. Y quiero que cada una de esas vueltas que nos den la vida.

– Z

 

 

Fotografía: Francis Miller, Anónimo, Anónimo

Él era uno de esos

Él era uno de esos. Era de esos que parecen sacados de las películas, de esos que crees que no existen y menos todavía que tú lo puedas llegar a conocer. Era de esos que llegan a conocerte lo suficiente como para siempre saber la mejor manera de sorprenderte. Era de esos que dan sorpresas y aciertan. De esos que te mandan flores un día cualquiera pero no te felicita por San Valentín argumentando “que cualquier día es bueno para regalar flores”.

Era de esos a los que no necesitas decirle cómo estás porque lo sabe sólo con verte, o incluso con escucharte. Era de esos con los que conectas desde el momento que le conoces y de esos que llegan a calarte antes incluso de lo que te gustaría. Era de esos delante de los que no tienes que fingir, de los que puedes ser como eres y sabes que es así como te quiere. Era de esos a los que no puedes engañar, pero de esos por los que no tienes que preocuparte porque sabes que nunca te engañaran. Era de esos que sabe cómo animarte incluso en los momentos más tristes. De esos que están pendientes de ti pero saben darte tu espacio.

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Era de esos con los que no puedes parar de reír, de esos que hacen que se te pasen las horas como si fueran minutos y sin darte cuenta estáis juntos viendo amanecer. De esos que hacen que estando con él no haga falta nadie más. De esos que hacen que se te olvide el mundo y que pienses que solo existís él y tú.

Era de esos que disfrutan de tu sonrisa, pero sobre todo era de esos que te dejan disfrutar de la suya. Era de esos que te proponen mil planes para poder estar contigo. De esos que buscan un restaurante nuevo que conocer o una terraza porque sabe que te va a encantar el atardecer desde allí. De esos que no dejan de sorprenderte con nuevos lugares, porque sabe que no hay nada que más te guste que descubrir el mundo, pero también era de esos que te lleva a tus sitios, aquellos que a ti te encantan aunque a él no le gusten.

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Era de esos a los que le hace ilusión conocer a tus amigas y de esos a los que le gusta presentarte a sus amigos y presumir de ti. De esos que están orgullosos de poder estar contigo. De esos que disfrutan mucho contigo pero que no quiere que dejes de hacer planes con tus amigas. De esos que respeta tus decisiones, tus prioridades y tus valores. De esos que intenta comprenderlos y compartirlos contigo.

Era de esos que son tan perfectos que no pueden ser. De esos que un día cambian y ya no sabes quién son. De esos que llega el momento que te das cuenta

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Él era de esos… pero ahora ya no sé quién es.

– A

Insipirado en el blog No fui yo fueron las drogas

Por un arrebato de sinceridad

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Por ti y por mí. Por el pasado inevitable y por el futuro ineludible. Por saber siempre por dónde van los tiros. Por lo nuestro, que espero que algún día sea más grande que todo lo demás. Y, si no es así, que al menos sirva para escribir una buena historia. Por eso de irte sin aviso y volver sin anunciarte. Por tus mil maneras de mentir y mis cien formas de pillarte. Por las noches sin dormir y los días sin respirar. Por nuestros juegos sin fin, mezclando partidas, y al final sin saber si íbamos o veníamos. Por dejar que pase lo que tenga que pasar. Por quedarnos con la vista en el cielo y olvidarnos de los pies en la tierra. Por tu manera de hacer que las pequeñas cosas lo sean todo. Y por que cuando te dispones a hacer algo grande, lo haces con todas sus letras.

Por perseguirme infinitamente hasta mi portal. Por escaparme todas las noches por la ventana de tu casa. Por las tardes sin bajar del autobús intentando rascar al día unas horas más y por todos esos restaurantes que no probaremos. Por los viajes clandestinos en moto. Por los fines de semana de incógnito por media geografía europea. Por echar la vista atrás y concluir que fui yo la cobarde. Por tener la jodida razón. Por ese  tortazo que te di. Por ese beso que me devolviste. Por cada copa de más y cada café de menos. Por ser más que un sábado por la noche y cualquier abrazo frío. Por darme la mano cuando más lo necesité. Por no poder echarnos nada en cara. Por tus advertencias ignoradas y súplicas enmascaradas. Por mis gritos al vacío y carreras tropezadas. Por aquella mañana de desayuno de tres horas convertido en comida. Y por aquella tarde cortada en un banco.

Por los días que no confías en mí, te diré que estás en lo correcto. Por jugártela. Por mis gritos de “ven sin hacer ruido”. Por todas las cartas escritas que espero que estén perdidas. Por todas las veces que no contestaste. Por los recuerdos resucitados cada vez que pienso en ti. Por catapultarme hacia algo mejor. Por esa canción, sabes a cual me refiero, I fell into a burnin’ ring of fire. Por los pelos de punta, los ojos al cielo y los latidos acelerados. Los repetiría una vez más. Por cada tiro a quemarropa que te merecías. Por cada tiro a bocajarro que me busqué. Por no leer todo lo que escribo (y esta vez no hagas una excepción). Por todos los intentos de despedida y todos los secretos guardados. Por tu carcajada quebrada y tu mirada revuelta. Por mis vestidos negros y tu forma de quitármelos. Por las veces que te hago elegir. Y, sobre todo, por tus elecciones.

Por cómo lo dejas, en presente. Por la manera en la que te rindes, hecho y derecho, que hasta en eso tengo que reconocer que tienes elegancia. Por la persona en la que creo que te has convertido después de todo este tiempo. Por poner un mar de por medio y contarlo en centímetros. Y sobre todo por saber ser el más fuerte de los dos.

Por todo eso y por muchas cosas que no confesaré jamás, de una forma un tanto inexplicable, quiero decirte que siempre me tendrás.

– Z

Fotografía: Anna Karina y Jean-Luc Godard

Para los de fuera

Es domingo, hace frio y llueve… Es en momentos como estos, en los que estando sola en casa me pregunto si de verdad ha merecido la pena aceptar este trabajo, que me encanta, pero que me hizo dejarlo todo, hacer las maletas y emigrar…

Durante estos meses todo lo que he escuchado han sido felicitaciones por mi nuevo trabajo y haciendo referencia a la suerte que tengo de poder irme a vivir fuera de España, de conocer otro país, otra cultura y como no, de la oportunidad tan buena que es para aprender otro idioma. Supongo que los que no han tenido que irse no entienden que no es tan fácil y que no todo es de un camino de rosas cuando te vas fuera. Que hay que liarse la manta a la cabeza y salir, salir sin mirar atrás para no volver antes de tiempo.

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Por supuesto que haberme ido a vivir fuera de España es una gran oportunidad, y que gracias a esto he podido conocer a muchísima gente nueva. Que además no es sólo en el ámbito personal. Que esta experiencia me va a servir para desarrollarme profesionalmente y que no puedo estar más contenta en mi trabajo. Que ahora he podido comprobar que trabajar en una empresa en la que se preocupen de sus empleados no es una Utopía, que hay jefes profesionalmente muy exitosos pero que siguen teniendo los pies en la tierra y un trato humano que ya me gustaría a mí tener.

No podría nunca quejarme de la gastronomía de este país, mundialmente conocido por sus grandes cocineros, sus quesos, croissants. Por sus vinos y sus terrazas… Y nunca, nunca, podría negar lo bonita que es esta ciudad. Pero para ser sincera hay demasiadas cosas que echo de menos, y estoy segura que aquellos que vivan fuera me entenderán.

Echo de menos poder llamar a mis amigas y tomarme algo con ellas un día cualquiera. Que sí, que aquí también puedo hacerlo, pero que cambiar de amigos cada seis meses porque todo el mundo es temporal no mola tanto. Y que a mí me gustan mis amigas, ellas, las de siempre y a las que echo de menos.

Echo de menos tener un bar al que ir y poder pasarme todo la tarde con mis amigas entre vinos y risas. Echo de menos poder salir a comer y tener una sobre mesa en condiciones, sin que me echen del restaurante. Y echo tremendamente de menos las comidas que se convierten en cenas, los líos de por la tarde, los sábados que empiezan y no se saben cuándo acaban…

Lamento no poder estar en las cenas importantes, no haber podido conocer la casa de María, y ver cómo ha empezado su nueva vida con su marido. Aunque reconozco que me alegro tremendamente de la evolución de la tecnología y me encantó poder estar en la cena de inauguración aunque fuese a través de un iPad. Pero ahí estaba yo, en medio de la mesa participando en la conversación como una más y enterándome de como mi amiga nos iba contando detalladamente su viaje de novios.

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Hubiera pagado por estar el día que Blanca anunció que se casaba… Las despedidas de soltera empiezan a complicarse, y ya he tenido que decir que no a más de una, y me  muero de rabia cada vez que tengo que decir que no puedo ir a un plan importante porque estoy aquí, porque ya no vivo en Madrid y tengo que asumir que no se puede estar en todos lados.
Y Sé que estoy sólo a dos horas de avión, pero lo que no sabía es lo cansado que es estar todo el día viajando.

Y todavía no me creo que me vaya a perder la Semana Santa y la feria… Cualquiera del sur supongo que me entenderá. Creo que todavía no lo tengo asumido, pero que esas semanas tendré que desconectarme de las redes sociales sino quiero que se convierta en una tortura…

Echo de menos las reuniones del “Consejo de sabias” y saber que si había alguna urgencia se montaba una cena en un minuto para deliberar sobre cualquier tema que preocupase a uno de los miembros. Que aunque vayamos a hacer un fin de semana de convivencia y hayamos buscado la fecha con 3 meses de antelación, eso no puede sustituir el día a día…

Hay días como hoy, en los que echo de menos poder estar en el sofá de casa, con la camilla encendida y viendo pelis sin salir del salón en todo el día. Pelearme con mis hermanos porque no cabemos los tres tumbados en el sofá, y saber que será el pequeño, el más bueno, el que ceda y nos deje a los otros tumbados.

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Y como no, echo de menos los juernes por Madrid, saber que al acabar el trabajo tendré varios planes distintos, plantearme ir a todos pero acabar siempre en el mismo bar. Echo de menos a mis compañeras de salidas por la noche con las que me tomaba una (o muchas) copas y con las que me lo he pasado los últimos años como nunca!

No puedo dejar de decir que tener a mi familia lejos no siempre es fácil y que aunque exista Skype y pueda coger un avión y en dos horas y media estar en casa, les echo de menos, y que hay días en los que llego a casa después de un día intenso de trabajo y lo que me gustaría es encontrarme a mis padres y cenar en familia, como siempre hemos hecho.

Y además de todo esto, te echo de menos a ti.

-A.

No hay segundas vueltas

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Todos conocemos el gran secreto pero muy pocos lo llegan a interiorizar: escucharte a ti mismo es la clave para dormir por las noches. Además, nacemos con la mejor máquina de consejos a prueba de errores instalada en nuestra cabeza, gratis y con licencia ilimitada, y nos empeñamos en callarla. Dejamos que el sexto sentido, el más útil de todos, que siempre va tres pasos por delante, coja polvo. Nos mandamos a nosotros mismos mensajes subliminales de alerta y los ignoramos. Dejamos que nos dejen de lado y nos dejamos a nosotros mismos por el camino. Permitimos lo impermisible. Y es que, en frío, todo esto me resulta inalcanzable.

Así que utilizo unas palabras reivindicativas para gritar a todos los que estén en duda que paren dos segundos, más no se necesitan, y escuchen a esa voz porque te puede cambiar la vida.

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Que nadie es mejor ni más grande que tú. Que todos somos una obra de arte y el arte se crea para ser expuesto. Que se note que ahí habéis llegado tú y tus maneras y nada ni nadie podrá contigo. Pero nunca te olvides que la grandeza se mide también con cómo de grande eres con los demás.

Que en el fondo tienes la respuesta que siempre has querido tener. Está dentro de ti. No importa la edad que tengas que tu conciencia siempre tendrá sus dosis de sabiduría.

Que no nacemos con un manual que detalle a la perfección el método a seguir para no dejar el amor propio en el cajón del olvido pero podemos aprender la técnica. Que hay que saber decir “no”, que a veces es mucho más importante que decir “sí”.

Que las cosas tienen que fluir y ser sencillas y, si no lo son, no merecen la pena. Regla básica: si no es fácil, no tiene que ser. Pocas excepciones hay.

Que hay circunstancias en la vida que toca ponerse a uno mismo por delante, por egoísta y mal que suene. Es así, y es por ti y por tus compañeros. El arte de saber querer a los que te rodean es poder identificar esas situaciones.

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Que el sexto sentido hay que explotarlo. Tiene que dejar de ser el espejo de lo que sabemos y no nos permitimos creer y convertirse en nuestro guía. Ten paciencia que el tiempo es una máquina de dar la razón de manera incansable.

Que cuando salta la alarma, no hay que ponerse los cascos con cancelación de sonido. Es tentador hacerse el sordo pero llegará el día en el que ruido sea tan fuerte que nada lo bloqueará. No dejes que llegue ese día.

Que hay que ser fiel a los valores y nunca, nunca, nunca hay que cambiar por otro. Una persona tiene que tener personalidad, la propia palabra lo implica. Punto. Si has sido creado como único e irremplazable, ¿por qué ir en contra de la propia naturaleza?

Que nunca hay que dejar de lado cierta racionalidad. Que la cercanía es muy bonita pero puede nublar la vista.

Que hay que saber levantarse después de una derrota pero, más importante aún, hay que saber caer, por amargo que sepa. Cuanto antes aprendas mejor porque la vida es una carrera de obstáculos y nunca hay dos sin tres.

Y que la mejor inversión en tiempo es dedicártelo a ti mismo haciendo lo que a ti te gusta. Estando solo o acompañado, como más te apetezca. Que tu vida es tuya y no hay segundas vueltas. Aprovéchala, juégatela y, sobre todo, vívela.

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– Z

Fotografías: Anónimo, Anónimo, Georgette Crimson, Anónimo

Consejo de Sabias

El consejo de sabias es esa reunión virtual, física o telefónica que te permite gritar, llorar, rajar o reírte sin remordimiento ni reparo.
Es ese grupo de Whatsapp en el que si no tienes 2398134718374 en un día, ha tenido que caer el cometa Halley en la Tierra.
El consejo aporta más conocimientos una noche de domingo que todo aquello que pretendieron enseñarte en la Universidad.

Es una especie en extinción. Encontrar ese grupo de confort donde puedas compartir el más tremendo de tus selfies de resaca, el modelo de bikini que te pruebas en Enero y necesitas el OK de oh, esas sabias, o esa cena de lunes-primer-día-de-régimen a base de morder un apio que te hace sentirte Gisele Bündchen y quieres compartirlo solo con ellas.
Es el grupo en el que podrás pedir cualquier tipo de ayuda, ya sea para ver si te favorece ese mono negro o cortar el cable rojo, la solución la tienes. Yo en este caso pedí inspiración para un post y como no me la dieron decidí inspirarme en ellas. Lo dicho, la solución la dan.

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Se constituye como una institución firme y casi sagrada, con estatuto y código de conducta y cuanta con, por supuesto, sus miembros, que son la parte más importante del consejo, normalmente muy diferentes y cada uno de ellos con un indiscutible papel.

Mi consejo de sabias está formado por las siguientes:

La fiestera
En todo grupo de amigas que se precie tiene que haber una fiestera y puedo decir que seguramente la nuestra se lleve la palma. No hay día de la semana que no salga a cenar y se conoce todos los nuevos bares de Madrid. Vive embalsamada en ginebra y su semana es un trámite hasta llegar al jueves. Siempre está dispuesta a una juerga y ¡es la mejor compañera para ellas! No sabemos de dónde saca la energía pero no duerme y eso no parece afectarle. Hay que resaltar que aunque salga prácticamente todos los días no se hace amiga de cualquiera y la han clasificado más de una vez como “la antipática simpática”. Tras muchos años de amistad he llegado a la conclusión de que es simpatía selectiva, solo se muestra cómo es con quien quiere, pero cuando lo hace es adictiva.

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La señora
En el lado opuesto todos tenemos a esa amiga seria que ha actuado como una señora desde que era pequeña. Ella es mandona por naturaleza, y se cree que todas tenemos que hacerle caso. Se escandaliza con nuestros planes y nuestros horarios y piensa desde que tenemos 15 años que deberíamos de llevar una vida ordenada. Es la más responsable de todas y si ella va a algún plan nuestras madres están tranquilas porque piensan que hay alguien que pone la cabeza por las demás. Lo que no saben es que casi nunca sale de fiesta, ¡pero que el día que se suelta la melena no hay quien la pare!
En el fondo, nos cuida a todas y nosotras se lo agradecemos mientras nos metemos con ella diciéndole que es peor que una madre.

La Telecincolover
Se traga todo lo que emita Telecinco y se sabe la vida y obra de todos los concursantes de GH en todas sus ediciones. Se siente más atraída por las cosas que brillan que Golum por el anillo de poder.
Todo lo que le pasa queda apuntado en su agenda anual, cuantos más pelos tenga ésta mejor (según el año puede diferir entre cebra o serpiente).
Mide casi 1,90 pero no sale sin sus tacones, para recordarnos a las demás que debimos hacerle más caso a nuestras madres y comernos él petit suis. Trata con Ylenia de tú a tú e incluso llevan la misma melena.

 La drama queen.
La Odisea de Homero se convierte en un cómic comparado con su día a día. Desde la incertidumbre de cómo peinarse el flequillo hasta qué hago con el trabajo…
La eterna duda que da un giro de 180º resolviéndose cuando el resto del consejo le aclama ese necesario “no te ralles tía, esta fenomenal” que varias veces termina con “no seas pesadaaaa” y muchas risas.
La queja sin tapujos es su columna vertebral compartiendo con el resto sus dramas propios de telenovela de los 80…
Brilla por su naturalidad y humor; reírse de ella misma es la mejor de sus medicinas, y cómo no, la nuestra.
Amiga de sus amigas y compañera de dramas dietéticos con el resto; Moderadora de debates del grupo para decidir cuántas piezas de makis son lícitas un lunes por la noche o si hay que contestar o no a ese mensaje de madrugada…
Nos necesita…y nosotras más a ella.
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La TOC ansiedades
Según sus horarios las 9 de la mañana ya es mediodía. Cuando tú sales para la oficina ella ya ha ido al gimnasio, se ha hecho un caldo para cenar y ha ordenado su armario.
Fashion Victim por naturaleza, no faltarán las últimas tendencias en sus outfits aun cuando tú no te has hecho a la idea de que vas a tener que ponerte ESO en unos meses.
No duerme, porque el mundo sigue girando mientras vosotros, flojos, lo desperdiciáis durmiendo, y la colada no va a hacerse sola!!!! Las tres de la mañana es una hora como otra cualquiera para llamar histérica a contarte que su ex (al que ya había olvidado) ha subido una foto a Facebook con su nueva novia.

La metódica
La conocí con 15 años y ya tenía hecho un Excel con el nombre de sus 5 hijos, el colegio al que los iba a mandar, y lo que iban a comer hasta el día de su primera comunión.
Su vida pasa entre filas, columnas y hojas de gastos.
Su cabeza es un calendario y no puede dejar de planificar su vida, ya que tiene que ir a todos y cada uno de los eventos que se precie. Tiene una agenda más completa que un ministro y para poder tomarte una cerveza con ella hay que pedirle cita con dos meses de antelación.
Es capaz de seguir con rigurosidad todos sus planes excepto sus dietas, que comienzan todos los lunes y acaban en el desayuno de los martes. “Tía a ver es que he tenido que comer con los de la ofi, y habían traído brownie”.
A los tres días de conocerla deja de sorprenderte que tenga planificado los días en los que toca cortarse el pelo.

La filosófica
vive en un mundo paralelo y su máxima es “vive y deja vivir”, da igual lo que le cuentes siempre te aconsejará citando a Coelho.
Es trabajadora aunque nada organizada, siempre llega tarde, pero por mucho que te irrite eres incapaz de enfadarte con ella, buena y generosa, es la mejor amiga de sus amigas y siempre defenderá a los suyos.
Tiene una obsesión con las redes sociales, en las que tiene que compartir cada momento de su vida y acompañar cada foto con una reflexión filosófica, y mientras más larga sea mejor, y no intentes quejarte de ello porque la única respuesta que puedes tener es que eres una insensible.
En su otra vida vendió su alma a Mr. Wonderful…”sonríe, hoy puede ser un gran día”.

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Porque como veis cada una tiene sus particularidades, pero juntas son el mejor Consejo de Sabias que yo podría tener.

Por todos los Consejos de Sabias porque sin ellos estaríamos perdidas.

-A.

En colaboración con las tres As del Consejo de Sabias.