La verdad sobre la verdad

“La verdad es raramente pura y jamás algo simple.”
― O. Wilde

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Dicen que era demasiado complicada, de las que se escapan y no se las vuelve a ver. También dicen que era manipuladora y fría, pero no saben que había noches en las que hubiese matado por un abrazo suyo.

Dicen que se quedó un poco perdida, que no supo bien cómo reaccionar ante tal situación y por eso se fue por la puerta trasera cuando las cosas se torcieron. Pero no saben que en realidad luchó y de la forma más dura que existe: en silencio. Que aguantó el tipo durante más tiempo del que muchos podrían presumir.

Dicen que se lavó las manos del asunto y dijo nunca más pero no saben que se vio obligada a hacerlo porque tuvo que elegir entre la integridad de su salud mental y la lealtad anteriormente profesada. No saben que en realidad no se lavó las manos, sino que puso todo su empeño tirándose de cabeza y dando hasta el cuello al final.

Dicen que ella despertó algo en él, y lo transformó y reinventó convirtiéndolo en la mejor versión de sí mismo, para luego aplastarlo cruelmente. Pero no saben que en realidad le regaló un trocito de su alma, de su tiempo y de su fe, y que eso ya ni se devuelve ni caduca. Es un regalo para toda la vida del cual no se admiten devoluciones.

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Dicen ella chupaba toda la energía que había en su entorno, que la consumía en un pestañeo, lo que dura un suspiro, pero no saben que necesitaba esa energía para vivir porque poco a poco se iba desgastando por el camino.

Dicen que no se mantuvo en pie, que no fue firme y dejó que las promesas de antaño se derritiesen y diluyesen, pero no saben que fueron precisamente esas promesas las que casi acaban con ella y que en realidad no tuvo más remedio que huir.

tumblr_n8z2xnYUim1t9cw58o1_500Dicen que ella se creía que era todo pero no saben que se sentía como si fuese nada.

Dicen que se olvidó de ese nombre que había dibujado millones de veces como la tinta que se difumina hasta desaparecer en un papel mojado. Pero no saben que llevaba esas seis letras tatuadas en el lugar más permanente de todos, en la memoria.

Dicen que las carreras de fondo nunca fueron lo suyo. No saben que lo suyo son las distancias cortas porque cuanto más cerquita mejor.

Que parecía que nada corría por sus venas, que era como una piedra y que sólo daba un amor de invernadero, frágil y fácilmente desvanecedor. No saben que, aunque las piedras tardan en calentarse, cuando lo consiguen, guardan el calor de forma natural mejor que nada.

Dicen que se escapó y nunca se supo nada más. Que ahí se acabó para siempre. Dicen y dicen pero no saben que raro es el día en el que no se acuerda de esos meses y que lo más seguro es que no consiga del todo cerrar ese capítulo para el resto de su vida.

tumblr_n62zkq4bP91qlmppmo1_500Dicen que optó por lo fácil.
Que fue cobarde.
Que mintió.
Y que perjuró.

Dicen esto y lo otro. Dicen pero no saben.

Z

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Huele a ganas

Me dicen que peco mucho de pensar en el futuro y olvidarme del presente.

Puede ser.

Para qué engañarnos. Es totalmente cierto.

Pero es que verás, para mí ya huele a verano.

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Huele a hierba y calor. Huele a helado acompañado de las puestas de sol más cercanas a su salida de todo el año. Huele a pantalón corto y a cometer errores porque “qué más da, es verano”. Huele a las ganas de trasnochar, porque en verano no se dice “una más y nos vamos”. No. Nadie quiere irse nunca. Huele a la promesa de volver a la época en la que las preocupaciones eran, valga la redundancia, menos preocupantes. Huele a disfrutar en el césped, arena, toalla o donde se tercie porque la cosa está en tumbarse, disfrutar de los rayos tan ansiados durante los últimos meses y ver las nubes pasar. Huele a jugar con fuego porque es un amor de verano y nada más. Huele a sufrir unas rutinas de belleza bastante intensas. Huele a comilonas-siesta-chapuzón. Huele a la evolución de “benditos bares” a “benditas terrazas”. A sillas de metal que se oyen por toda la calle cuando te mueves un centímetro. A tinto de verano con chorrito de vermú. A cigarrito acompañado de café solo con hielo. Huele a convertir la calle en tu nuevo hogar porque es inconcebible estar entre cuatro paredes más de dos horas. Huele a dormir poco pero nunca estar cansado. Huele al asfalto recalentado de Madrid, del cual todos huimos a la más mínima. Huele a cielo eternamente azul. Huele a que tú te tumbes al sol y yo, fiel a mi tradición vampírica, me atrinchere en la sombra. Huele a la suma de ganas de comerse el mundo y carreteras interminables. Huele a juegos absurdos y encuentros “casuales” contigo porque son los que más nos divierten. Huele a fiesta, seamos sinceros, sin especificar hora del día porque todo es aceptable en verano. Huele a redescubrirse e inevitablemente re-conocerse a uno mismo. Huele a escenario, música en directo y pelos de punta. Huele a gente guapa porque todo el mundo está mejor con gafas de sol. Huele a camisas arremangadas, alpargatas y bermudas. Huele a tirantes finos, cuñas y faldas ibicencas. Huele a más tiempo para descubrir nuevos rincones y menos tiempo para trabajar. Huele a bancarrota por la unión de la poca fuerza de voluntad y las proposiciones de viajes irrepetibles. Huele a un verano distinto, mejor que el anterior y peor que el próximo. Huele a ir a por todas. De cabeza. Porque no conocemos otra manera. Huele a brisa salada, a tormenta sideral, a noches calurosas sin gota de viento. Huele a marca de bañador y a sombra de palmera. Huele a humo, a hoguera, a la mejor ecuación del mundo: barbacoa más toda la pandilla. Huele al gazpacho de tu abuela. Huele a chapuzones, a tirarse de cabeza, tanto en sentido figurativo como en el literal, y a cloro, que aunque nos dé la sensación de que nos están arrancando los ojos, nunca dejaremos de abrirlos bajo el agua, porque somos así de curiosos. Huele a esa colonia que no te puedes quitar de la cabeza. Huele a tres meses de relajación para los suertudos y a dos semanas de locura desenfrenada para nosotros, los pringados trabajadores. Buenoyqué. Las disfrutamos el doble. Huele a la mejor canción del verano de todas, el ruido de las chicharras, mientras exprimes lo poco que queda del día en el porche. Huele a protección solar. Huele a madres embadurnando a sus hijos en ella. Huele a la ausencia de voluntad y falta de responsabilidad cuando se te planta delante la combinación de piel morena y ojos claros. Huele a tormenta estival, la única del año en la que no te importa empaparte. Es más, quieres. Y luego a tierra mojada, uno de mis olores favoritos. Huele a que más de uno se tirará al agua con el móvil en el bolsillo. Y qué más da, es un aparato sobrevalorado. Huele a pecas en la nariz. Huele a fin de exámenes, horizontes sin fin y esperanzas por las nubes. Huele a castillos en el aire que, durante un tiempecito, se sostienen. Huele a cambio, que aunque no nos demos cuenta en el momento, siempre es a mejor. Huele a reggaetón saliendo a todo volumen por las ventanillas. Lo odio pero reconozco que sin él, es menos verano. Huele a paseos de madrugada, creyéndonos invencibles y lográndolo. Huele a que te pisen cuando llevas chanclas y cagarse en todos sus muertos. Huele a juegos de cartas durante horas, apuestas demasiado arriesgadas y decisiones mezcladas con alcohol, peligrosas pero divertidas, que rápidamente se solucionan tomando otra aun peor. Huele a que unas se pintan las uñas de los pies y otros se dejen esa barba de tres días. Huele a que definitivamente es mejor insinuar que enseñar. Huele a adrenalina temporal, ola de calor y confusión demasiado conveniente. Huele al miedo a acercarse a una fuente porque hay avispas a tutiplén. Huele a quemar tacón, mojar melena y gritar al viento. Huele a declaraciones de amor estrepitosas porque es el momento de jugársela a un todo o nada.

Huele a revolución veraniega, a rebeldes con la mejor causa del mundo, huele a living on the fucking edge.

Porque si es cuestión de ser eternamente jóvenes, ahora es el mejor momento.

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Feliz verano.

Z

Queda terminantemente prohibido

Hace calor y mucho. Entran ganas de hacer esto constantemente.

Sé que es muy difícil estar así de relajada con este calor

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Pero otra cosa es lo que se está empezando a ver por la calle. Dado que, desde que me vine a vivir a Madrid, he visto cosas que realmente van en contra de toda la lógica, necesito aclarar la opinión que tengo acerca del tema. Como diría una amiga mía “el mundo está loco” y es que es verdad. Por desgracia no se puede ir diciéndole a la gente por la calle “¿qué haces con tu vida hombre de dios? ¿no ves que es que duele verte con eso puesto/haciendo eso?” Así que no me queda otra que expresar mi horror por medio de una lista que cita las diez cosas que quedan terminantemente prohibidas este verano.

  1. Sandalias con calcetín: creía que de este fenómeno del infierno sólo tenían la patente alemanes y demás. En pocas palabras, los “guiris”. Pero no. Ya he visto a un par con una pinta normal (dentro de lo que cabe) y de repente miras para abajo y zas!! Pero vamos a ver, ¿es que te levantas por la mañana, te empiezas a vestir por arriba y cuando llegas abajo dices “bah que pereza” y coges y te pones eso?Imagen
  2. Sandalias gladiador: otro fenómeno de los pies. Esas sandalias de tiras normalmente marrones que llegan hasta las rodillas y que parecen de circo romano. Aún no he llegado a comprenderlas. Las hay que cogen y, si llevan pantalón largo, se lo meten por dentro. Esas directamente no tienen remedio ni solución alguna. De aquí a nada veremos algo como esto:

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3. Morenos falsos y achicharrás: creo que una imagen vale más que mil palabras

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4. Pantalones demasiado cortos: no tengo ganas de ver tu culo, gracias. ¿Acaso voy enseñando yo el mío? No sé en qué momento se llegó a considerar “estético” eso de ir enseñando zonas que no se han enseñado jamás. Si no se han enseñado antes por algo sería. Es cuestión de pura lógica. Próximamente en los mejores cines:

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5. Camachos: no son agradables. Ni me molesto en comentar ya aquellos que llegan hasta la cadera. Hay que elegir las camisetas que te pones con un poco de cabeza.

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6. El café con leche después de comer: más de uno es capaz de tomarse un buen café con leche, grande, ardiendo que llega al punto de escaldar, en una terraza a las cuatro de la tarde en agosto en pleno sofocante calor madrileño. ¿Por qué? En verano se toma un solo con hielo después de comer y. ya. está. Como mucho se admite un cortado pero eso ya es forzar.

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7. Ir todo de negro: yo soy muy fan de este color. De hecho suelo vestir más de colores oscuros que de colores claros. Pero ir todo de negro con la que está cayendo, no sólo te mata a ti mismo, sino que nos hace sufrir a los demás que os vemos.

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8. Camisetas que enseñan todo: no, no me apetece ver tu sujetador por muy bonito que sea, aunque sea de la mejor lencería. Como dice un amigo mío, mejor insinuar que enseñar. Y tiene toda la razón del mundo.

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9. Las terrazas al sol: antes de comentar esto, he de destacar que me caracterizo por tener cierta tendencia vampírica. No soy mucho de sol, ni de tomarlo. Pero respeto a los que lo hacen. Lo que si que ya me supera es quedar con alguien y que se quieran sentar en una terraza con cuarenta grados al sol. ¿Es que te gustaría tener una insolación? ¿Es que te gusta estar sudando que parece que acabas de salir de la ducha (con la diferencia de que limpio no estás)?

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10. El último: el que más duele de todos. Las llamaditas a las 4 de la mañana entre semana de los suertudos que no trabajáis este verano llamándonos a los pringados trabajadores /becarios unos amargados por no salir un martes. Deprimen. Amargan. Así que, si nos queréis aunque sea solo un poco, no lo hagáis.

-Z.