Amores que matan nunca mueren

Tenemos una gran amiga que es una loca de los blogs. Cuando se enteró de que nosotras estábamos escribiendo uno, fue nuestro apoyo incondicional. Por eso, y por muchas cosas más, participa con esta entrada. A disfrutar porque es genial:

Hoy me he despertado con un gran dolor de cabeza. La verdad es que llevo unos días así por motivos varios, pero en especial uno.

Mi EX.

Malditos ex que siempre tienen que aparecer cuando menos te lo esperas y que lo único que hacen es llenarte la cabeza de pajaritos e intentar liarte aún más (como si no tuvieras más cosas de las que preocuparte).

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Mi historia es algo peculiar, con un chico un tanto peculiar.

He de admitir que a mí siempre me han gustado aquellos que pasaban de mí y me hacían las cosas más que difíciles.

Después de haber pasado 9 meses de relación con el “señorito X” (mejor llamarlo así, dado que su nombre no hace más que traerme malestar físico), la relación acabó por la maldita distancia.

A pesar de acabar, me parecía que al ser una chica madura, debía de quedar con él para aclarar las cosas.

Os cuento esto porque después de esa quedada fue cuando comenzaron mis dolores de cabeza.

Después de una quedada con “éxito” según mi punto de vista, me di cuenta que no había sido más que un desastre.

El señorito X, había decidido que ÉL y YO debíamos de ser AMIGOS.

¿AMIGOS?.. Mi cara al leer esa palabra se transformó entre color verde-amarillo-morado y poco a poco iba empeorando.

¿AMIGOS? Desde cuando tu ex es TU AMIGO?

Dejadme aclararos una cosa. Es regla de tres: tu ex jamás podrá ser tu amigo, a no ser que ahora sea gay, tenga novia o se haya ido del país, pero sino, olvidaros de esa opción.

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Antes de llegar a esa conclusión, que para alguno de mis amigos era más que obvia, creí que podía tener una relación de amistad con él; al fin y al cabo tiene 24 años y debería de ser un chico con las ideas más claras que el agua.

¿En qué momento creí tal estupidez?

Dicen que el partido se ve mejor desde las gradas… En efecto, mientras algunos veían venir lo que iba a suceder… Yo seguía con mi idea de amistad.

Volvamos a la historia. Después de haber leído aquella palabra tan odiosa, que jamás pensaba que la fuese a decir, decidí aceptar aquel reto y “echarle huevos” al asunto.

La verdad es que durante un par de quedadas nos mantuvimos firmes a nuestra idea de “amistad” y manteníamos conversaciones totalmente ridículas sin ningún tipo de sentido.

Eso sí, yo disfrutaba quedando con él porque tenía dentro aquella espinita que no me dejaba dormir tranquila.

La TERCERA QUEDADA llegó. Lo resalto porque fue LA quedada (la cual me gustaría olvidar). Todo sucedía con total normalidad. Lo recojo al salir de mis prácticas, hablamos de tonterías y empezamos a cantar. Si, a cantar NUESTRAS canciones que no hacían más que remover “recuerdos” que no eran necesarios recordar.

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Todo siguió con normalidad aunque ambos estábamos algo tensos.

Paseamos, nos reímos por tonterías… Pero como era de esperar (como ya me había avisado aquel amigo que todas tenemos que sabe sobre tíos), el señorito X comenzó a “tirarme fichas”… En ese momento solo pensé: “TIERRA TRAGAME”

Al principio, como toda mujer, me hice un poco la dura, pero al final acabé cayendo a sus pies y cada vez me gustaba más escuchar esos piropos…

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Para hacer la cita más interesante, decidió que sería adecuado cenar en nuestro sitio, y especialmente en nuestra mesa.

De repente la quedaba había dado un giro radical, comenzamos a sacar recuerdos de aquel viejo amigo, la memoria; (maldita memoria, ¿por qué no fallas y haces que se olvide todo?).

Nos pusimos muy sentimentales y la cosa no acabó bien.

Allí estaba él, declarándose

Por un momento sentí que me faltaba la respiración y que mi corazón había explotado de latir tan fuerte.

 ¿POR QUÉ? ¿EN QUÉ MOMENTO DECIDISTE QUE TENÍAS QUE DECLARARTE?

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En conclusión, la cita fue un total desastre.

Os explico el por qué.

Señorito X se declara, pero decide que “es mejor no darme un beso por que no ayudaría en nada”, pero también añade que “no para de darle vueltas al asunto” eso sí, mientras tanto “sigue recordándome y echándome de menos”.

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¿Y yo?

Pues yo estoy aquí con dolores de cabeza que ni el Ibuprofeno consigue curarme.

Podría cogerme botes de helado y Nutella, mirar películas que nos hacen imaginar situaciones que JAMÁS sucederán…

..Por desgracia estoy a dieta.

La operación bikini ha comenzado y no puedo permitírmelo.

Así que, así estoy yo, deprimida, sin comida y más sola que la una.

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En definitiva, digan lo que os digan…

Jamás intentéis ser amigas de vuestros ex, porque antes o después os acabareis arrepintiendo.

Los ex solo traen problemas y problemas

Solo hacen que os compliquéis más vuestra existencia, queridas amigas.

Consejo:

ELIMINAR SU NÚMERO, SU FACEBOOK, SUS FOTOS, SUS CARTAS PERO SOBRE TODO SU CARA… POR QUE SINO COMO TODA MUJER ACABARÉIS CAYENDO A SUS ENCANTOS.

– Att. I.

Donde hubo fuego, quedan cenizas.

Digamos que cuando yo tenía quince años no era demasiado experimentada en lo referente a los hombres. Más bien no tenía ni idea. El simple hecho de saber que algún momento tenía que acabar besando a uno no me producía ningún tipo de emoción, sino más bien pereza. ¿Para qué tenía que dejar que cualquier petardo de por ahí se acercase tanto a mí? Tenía mis amores platónicos, una no es de piedra, pero eso es lo que me gustaban de ellos, que eran platónicos. El 99% de los primeros besos son lo peor que te puedas echar al cuerpo (el otro 1% lo dejo para los de las pelis, que a todos nos gusta soñar que algún día tendremos un beso así).

El mío no fue tan adorable como esto:

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Ni tan apasionado como esto:

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El mío fue de película de terror.

Volviendo a mis quince, en esa época un amigo tuvo un ataque de madurez bastante adelantado a su edad (él tenía quince también) y me dijo una frase de la que siempre me acuerdo y repito a cualquiera en cuanto la situación lo pide: donde hubo fuego siempre quedan cenizas. Amén. Yo tenía quince años, los chicos no me producían ningún tipo de interés y por ende no había cometido ningún error (ni acierto). Ahora tengo casi veintidós. Y si le hubiese hecho caso, digamos que mi lista de “cosas que no tendría que haber hecho en cuanto a los hombres” se habría reducido un 40%. Puede que la cifra así tal cual no parezca demasiado larga pero si la traducimos en horas de terapia con amigas, lágrimas o chocolate ingerido digamos que es significativa.

Pero me alegro de no haberle hecho caso porque sino no sería quien soy hoy. Creo que voy en contra de las tendencias habituales escribiendo este post ya que el objetivo de este es darle las gracias a los ex. Sí, justo eso. Todos/as los/as que seamos felices ahora mismo estando solteros/as es gracias a ellos. Vamos a ver por qué:

1)   Porque ahora conocemos el significado real de la frase “mejor solo/a que mal acompañado/a”. Y qué razón tiene. Estar con un/a idiota o estar por estar no merece la pena, quita tiempo y oportunidades mejores.

2)   Porque nos han mostrado qué es lo que no queremos y qué es lo que no vamos a volver a aguantar. No queremos ser el segundo plato. No queremos que nos entreguen un corazón a medias porque como decía una profesora mía “corazones partidos no quiero, porque cuando doy el mío lo doy entero”. No queremos más excusas. Y ante todo no queremos estar pasándolo mal por nadie.

3)   Porque nos han mostrado qué es lo que sí queremos. Creo que esto es lo más difícil de saber porque siempre nos es más complicado hablar en positivo. Queremos a alguien que nos quiera tal y como somos, con lo feo y con lo bonito.

4)   Lo más importante de todo: gracias a ellos/as nos daremos cuenta de quién es la persona con la que tenemos que pasar el resto de nuestra vida.

Así que, a mis ex, a través de este post (porque jamás lo haré a la cara, me gusta más limitarme a lanzar miradas hostiles y torturaros) os digo: GRACIAS. Y que jamás volveré a tropezar con la misma piedra.

-Z.