Nuestra tortura

Quiero hablar sobre una palabra que ya no oímos demasiado: sacrificio. No es lo que yo llamaría una palabra “moderna”. La gente oye la palabra “sacrificio” y se asusta porque piensa que le será arrebatado algo o alguien o que tendrá que renunciar a algo que no puede vivir sin ello. Sacrificio, para ellos, significa pérdida en un mundo que nos dice que podemos tenerlo todo. Pero yo creo que el sacrificio verdadero es una victoria. Eso es porque requiere libre albedrío renunciar a algo por alguien que quieres, o algo o alguien que quieres más que a ti mismo. No te voy a mentir. Es arriesgado. El sacrificio no hará que el dolor y la pérdida desaparezcan, pero si hará que se gane la batalla contra la amargura, la amargura que oscurece la luz de todos los verdaderos valores en nuestra vida.

-K. García

El otro día cuando oí estas palabras me quedé de piedra. No se puede tener más razón. Da miedo a veces cuando te sueltan algo que es tan verdadero, que parece que llega y te da una bofetada, que no sabes ni qué responder o hacer. Te hace sentir muy pequeño pero reflexionas, sacas tus conclusiones e intentas, para la próxima vez, hacer las cosas un poco mejor.

Volviendo a temas más ligeros y relajados, creo que esto del sacrificio está presente ahora en la vida de muchos de mis amigos, aunque para unos más que otros. Los exámenes, los dichosos exámenes. De eso hablo. Los hay quienes se los toman con filosofía, con sus “bah civil tres me lo meto la noche de antes” o “venga, vamos a tomarnos la quinta caña del día que esto de la biblioteca me ralla” (cuando realmente solo han estado en ella un par de horillas). Luego les va como les va, no tengo que decir nada más, los resultados hablan por sí mismos.

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Los hay quienes se vuelven locos hacia el otro extremo, y esos son los que hay que evitar, dejando un radio mínimo de 5 metros, no sea que se te contagie. No se les ve ni el pelo (valga la redundancia porque se les acabará cayendo prontito por el estrés), y cuando rara vez consigues ver al espécimen, tiene unas ojeras de aquí a Cuenca y ha cogido ese tan favorecedor (no) “moreno flexo”. Estupendo.

Yo me considero estar entre los dos extremos, algunos días decantándome por uno o por otro, pero siempre en una balanza bastante equilibrada. Y, según mi humilde opinión, creo que este es el peor. Los altibajos experimentados no son nada agradables. Vives en un estado de muerto viviente con pequeños ataque de locura (“que le den, me voy contigo de cañas” o “dejadme en paz que hoy me quedo hasta que cierre”) de vez en cuando para compensar un poco. Es inaguantable.

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Seas lo que seas, esto de la época de exámenes es lo peor que se puede echar uno al cuerpo. Día tras día tras día haces exactamente lo mismo:

  1. te levantas cansado, deprimido y asqueado
  2. te arreglas y vas a la biblioteca cansado, deprimido y asqueado
  3. una vez ahí, vas a coger sitio (dios me libre si llego más tarde de las 9:30 que entonces el único sitio libre que hay para estudiar es el de tu casa) y sacas tu folios, apuntes y demás. Yo con esto soy bastante minimalista, llevo lo que voy a estudiar y nada más porque, al contrario de lo que hacen algunos, no despliego mil hojas y cuadernos en la mesa para luego no tocar ni la mitad. Puro postureo.
  4. Estás unas cuantas horas, llega la comida, por la tarde más y vuelves a casa cansado deprimido y asqueado.

(a todo esto teniendo en cuenta que hace un solazo tremendo, que solo hace que te entren ganas de terracita y perder el tiempo, pura tortura. Libertad, por favor, vuelve a mí)

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Pero bueno, que a vivir la vida, que son dos días, de los cuales uno y medio te lo tiras sufriendo, dirían algunos. Yo eso justo no lo comparto. Y es que con el paso del tiempo he aprendido que el sacrificio lo es todo y, que si quieres estar a gusto con tu vida, debes sacrificarte o dejar algunas cosas que, aunque te gustan, no son buenas para ti. Ojalá me hubiesen grabado esto en el cerebro nada más entrar en la adolescencia pero, para bien o para mal, me ha tocado ir aprendiéndolo solita. Porque después del sacrificio, viene lo mejor: la victoria. Porque después de los exámenes viene lo mejor: las vacaciones.

Mientras que llegue ese momento, relajémonos un poco.

I listen to the wind

to the wind of my soul
where I’ll end up well I think
Only God really knows

-Z.

Por nosotras.

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Aquí sentada en la biblioteca cualquier excusa es buena para no ponerse a trabajar. Es impresionante la capacidad que tiene el ser humano de hacer cualquier tontería con tal de no hacer algo que no le apetece ni lo más mínimo. Llevo mirando las nubes pasar unos minutos ya. Con eso lo digo todo.

Ya se acerca la peor época del año para cualquier estudiante: los exámenes finales. Todos intentamos retrasar lo máximo posible el encerramiento como alma huyendo del diablo. El moreno del flexo no es nada sexy. Creo que a todos nos entran ganas de hacer esto cuando ya llega el día:

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No me apetece padecer esas horas interminables que en vez de ocho parecen veinte ni voy a coger con ganas los chupitos de cafeína.

En todo esto estaba pensando yo cuando una amiga me ha llamado y ha dicho “¿Has visto el nuevo vídeo de Dove?”. Yo rápidamente lo he buscado en Youtube, pensando “Qué bien, una excusa para no trabajar, unos minutillos más de gloria”.

Y de verdad que me ha parecido impresionante, el mejor hasta ahora, de los que se te ponen los pelos de punta. Este es para todas con las que estéis ahora con la autoestima un poco baja, que seguro que cuando acabe el vídeo tendréis una sonrisa, pensando “¡qué razón tiene!”.

You really are more beautiful than you think.

-Z.