Un verano sin ti.

Ya que hemos entrado en Octubre creo que puedo dar por concluido el verano. Mi verano se acabó hace ya tiempo y volví a Madrid  a mi rutina de días de oficina y noches de terraza. Noches en las que con mis amigas repasamos una y otra vez esas vacaciones que se nos pasaron volando pero que al analizarlas nos damos cuenta que están llenas de anécdotas que no vamos a olvidar.

Y ayer, ya habiendo vuelto a casa y habiendo cambiado la terraza por mi cuarto y mis amigas por la almohada, al hacer repaso de mi verano me doy cuenta que por fin puedo decir que ha sido un verano sin ti.

Pensé que nunca iba a poder decir esto, o que si lo decía iba a haberme costado el esfuerzo más grande del mundo para haber conseguido no estar contigo un verano. ¿Quién me iba a decir a mi que esto pasaría sin darme cuenta?
Supongo que no puedo atribuirme todo el mérito de no haberte hecho caso, y menos todavía el mérito de que no me haya costado. Sé que si no hubiese tenido la mente en otra persona hubiese costado más, pero ya sabes eso que dicen: “un clavo saca otro clavo” y por fin he conseguido sacarte de mi cabeza.
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Ahora que analizo el verano y las veces que hemos hablado me hace gracia darme cuenta de como no acabas de creerte que me eres indiferente. Me pregunto que esperabas cuando me mandaste ese mensaje en el que únicamente ponías que ese fin de semana bajabas a Marbella. No sé que esperabas por respuesta, o si pensabas que en caso de que en principio no fuese a estar iba a cambiar mi planes para verte… Lo siento, pero no consigo encontrarle sentido al mensaje, y espero que no te sorprendiese que no te contestase, pues demostraría que en todo este tiempo no llegaste a conocerme.

Me pregunto si de verdad te sobraba una entrada para los toros y no sabías a quién avisar, o me llamaste a mi la primera porque te apetecía que fuésemos juntos. Nunca sabré si que no le quisieras decir a Claudia que me lo habías propuesto a mi primero era por dejar la puerta abierta para ligar con ella o por no querer reconocer que yo te había dicho que no a un plan. Pero la próxima vez, recuerda que somos amigas…

Tampoco sé a qué venia que me llamases para que fuese contigo a navegar. Sí, sabes que me encanta y que hubiese sacado un Hobie Cat encantada como tantas veces lo saqué con otros amigos, pero ese plan lo tendrías que haber propuesto en veranos anteriores y no ahora que ya no me apetece hacer planes contigo. Como ya te dije: ¿Quién te iba a decir a ti que sería yo la que te acabara rechazando?

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Y si sigo recorriendo los días de verano llego a la barbacoa anual de Fer y comparo como tantas otra veces la hemos pasado juntos. Como los años anteriores llegaba una hora en la que para nosotros no había nadie más y como hemos visto amanecer tantos días de agosto juntos, volviendo a casa y lamentándonos porque una vez más la noche se había acabado.

En cambio este año, en la barbacoa prácticamente no hablamos, me saludaste por educación y parecía que no nos conocíamos supongo que no te imaginabas que llegaría acompañada. Y ni hemos bailado, ni hemos ido a recenar mientras veíamos amanecer.

Me contaron que no te creías que pudiese estar en serio con otra persona, que a pesar de que nuestros amigos te lo decían tu lo negabas y decías que eso no podía ser. Que seguías pensando que yo era tuya y que nadie más llegaría a gustarme. No sé si de verdad lo piensas o simplemente lo dices por decir. Pero espero que te des cuenta de que estoy feliz, y que lo que no pudo ser contigo ahora si es. Espero que lo entiendas y que lo respetes, y esperaría que te alegrases por mi, aunque quizás estoy pidiendo demasiado.

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Espero que no pienses que te escribo esto para quedar por encima de ti, para cantar victoria o algo que se le parezca. No creo que nadie salga ganando en estas situaciones.

Sinceramente, nunca creí que pudiese ser feliz con otro, nunca creí que fuese a olvidarme de tí del todo y ahora me doy cuenta que me ha hecho falta más de un mes repasando mi verano para ser consciente de lo poco que has estado presente.

Si alguna vez lees este post, aunque no sepas que soy yo quien escribe, espero que reconozcas nuestra historia y que la recuerdes con el mismo cariño con el que yo la recordaré pero con otra persona a tu lado con la que puedas ser completamente feliz.

Con cariño,

-A.

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La importancia de decir adiós

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Quedemos para hablar. Quedemos para hablar de nosotros. Volvamos a intentarlo, que por un quinto ruedo ya no queda lugar para matarse un poco más de la cuenta.

Hablemos en a ese lugar. No me preguntes cuál, lo sabes sin que lo diga. Ese lugar nuestro en el que se nos olvida la importancia de decir adiós.

Y ahí podemos pintar una historia paralela, un nosotros que nunca fue pero que irónicamente siempre será. Podemos pensar que es posible sentir el tacto a kilómetros unos cuantos centímetros más cerca. Podemos imaginarlo, no hay que esforzarse mucho, solo si nos olvidamos de que yo no soy de dar de más y tú ya estás de menos.

Pero, venga. Decidido. Nuestra historia paralela.

Cuéntamela de tal manera que, si supera la ficción, será realidad. Cuéntamela con esa canción que me gusta de fondo. Sin prisas. Saborea las palabras. Así es más fácil engañarme y hacerme creer que nuestra suma a medias sí que puede acabar de formar un todo.

Y, mientras me la narras, haz eso que se te da tan bien. No me ligues, conquístame. Volveré a caer y lo sabes. Esos ojos revueltos y esa sonrisa torcida serán suficiente distracción. Y, si te da miedo contarla en alto por eso que dicen que las palabras habladas se convierten en verdad, escríbemela. Que escribir es besar con la mente, y tus besos están en mi lista persona de éxitos de verano.

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Descansemos de la culpa y la traición. Desconectemos. Off. Creo que eso se nos puede dar bien y, si no es el caso, no pasa nada, sólo nos ven las azoteas y las estrellas. Somos invisibles, aunque definitivamente no invencibles.

Pero no dejes de contarme nuestra historia de lo que pudo ser. Siempre me gustó el tono de tu voz. Ábreme los ojos de par en par y así yo me soltaré la melena y me pondré el disfraz de las noches de sábado, ese que insinúa ser para otros pero grita a más no poder “sólo para ti”.

Pero sobre todo dame de golpe en el centro de mis debilidades, en mi diana, que yo te devolveré el tiro. Transforma mi realidad pero en una justa medida. No te vengas arriba con el calor.

Inspírame una vez más. Haz que escriba. Haz que me vuelva a encontrar en este lugar. Provoquemos nuestra primera despedida, como dirían los últimos románticos, que sino esto no es ni será una locura real. Y cuéntame esa ficción de cómo nos escaparemos a la casa de tus padres en la playa. Sin que nadie lo sepa cogeremos el coche y desapareceremos del mapa. Veremos de todo porque viajar contigo no es hacer turismo.

Y ahora, a modo de gran final, déjame que te parta el corazón, y a cambio anúdame la garganta. Ya no me acuerdo bien de quién es el turno. A lo mejor esa es la razón por la que volvemos siempre.

Y cuando hayas acabado de contarme cómo funcionará todo esto, no me des media hora más, dame la historia de mi vida. Acaba por prometerme que cuando pases por ese bar siempre te acordarás de mí y yo juraré guardarte un lugar eterno, por mucho que me duela.

Y, aunque pueda que no pueda ser, aunque tenga final firmado y le queden dos segundos para esfumarse en humo, quiero que esto, sea lo que sea, merezca una amarga pena.

– Z

Fotografías: Anónimo, Anónimo

Huele a ganas

Me dicen que peco mucho de pensar en el futuro y olvidarme del presente.

Puede ser.

Para qué engañarnos. Es totalmente cierto.

Pero es que verás, para mí ya huele a verano.

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Huele a hierba y calor. Huele a helado acompañado de las puestas de sol más cercanas a su salida de todo el año. Huele a pantalón corto y a cometer errores porque “qué más da, es verano”. Huele a las ganas de trasnochar, porque en verano no se dice “una más y nos vamos”. No. Nadie quiere irse nunca. Huele a la promesa de volver a la época en la que las preocupaciones eran, valga la redundancia, menos preocupantes. Huele a disfrutar en el césped, arena, toalla o donde se tercie porque la cosa está en tumbarse, disfrutar de los rayos tan ansiados durante los últimos meses y ver las nubes pasar. Huele a jugar con fuego porque es un amor de verano y nada más. Huele a sufrir unas rutinas de belleza bastante intensas. Huele a comilonas-siesta-chapuzón. Huele a la evolución de “benditos bares” a “benditas terrazas”. A sillas de metal que se oyen por toda la calle cuando te mueves un centímetro. A tinto de verano con chorrito de vermú. A cigarrito acompañado de café solo con hielo. Huele a convertir la calle en tu nuevo hogar porque es inconcebible estar entre cuatro paredes más de dos horas. Huele a dormir poco pero nunca estar cansado. Huele al asfalto recalentado de Madrid, del cual todos huimos a la más mínima. Huele a cielo eternamente azul. Huele a que tú te tumbes al sol y yo, fiel a mi tradición vampírica, me atrinchere en la sombra. Huele a la suma de ganas de comerse el mundo y carreteras interminables. Huele a juegos absurdos y encuentros “casuales” contigo porque son los que más nos divierten. Huele a fiesta, seamos sinceros, sin especificar hora del día porque todo es aceptable en verano. Huele a redescubrirse e inevitablemente re-conocerse a uno mismo. Huele a escenario, música en directo y pelos de punta. Huele a gente guapa porque todo el mundo está mejor con gafas de sol. Huele a camisas arremangadas, alpargatas y bermudas. Huele a tirantes finos, cuñas y faldas ibicencas. Huele a más tiempo para descubrir nuevos rincones y menos tiempo para trabajar. Huele a bancarrota por la unión de la poca fuerza de voluntad y las proposiciones de viajes irrepetibles. Huele a un verano distinto, mejor que el anterior y peor que el próximo. Huele a ir a por todas. De cabeza. Porque no conocemos otra manera. Huele a brisa salada, a tormenta sideral, a noches calurosas sin gota de viento. Huele a marca de bañador y a sombra de palmera. Huele a humo, a hoguera, a la mejor ecuación del mundo: barbacoa más toda la pandilla. Huele al gazpacho de tu abuela. Huele a chapuzones, a tirarse de cabeza, tanto en sentido figurativo como en el literal, y a cloro, que aunque nos dé la sensación de que nos están arrancando los ojos, nunca dejaremos de abrirlos bajo el agua, porque somos así de curiosos. Huele a esa colonia que no te puedes quitar de la cabeza. Huele a tres meses de relajación para los suertudos y a dos semanas de locura desenfrenada para nosotros, los pringados trabajadores. Buenoyqué. Las disfrutamos el doble. Huele a la mejor canción del verano de todas, el ruido de las chicharras, mientras exprimes lo poco que queda del día en el porche. Huele a protección solar. Huele a madres embadurnando a sus hijos en ella. Huele a la ausencia de voluntad y falta de responsabilidad cuando se te planta delante la combinación de piel morena y ojos claros. Huele a tormenta estival, la única del año en la que no te importa empaparte. Es más, quieres. Y luego a tierra mojada, uno de mis olores favoritos. Huele a que más de uno se tirará al agua con el móvil en el bolsillo. Y qué más da, es un aparato sobrevalorado. Huele a pecas en la nariz. Huele a fin de exámenes, horizontes sin fin y esperanzas por las nubes. Huele a castillos en el aire que, durante un tiempecito, se sostienen. Huele a cambio, que aunque no nos demos cuenta en el momento, siempre es a mejor. Huele a reggaetón saliendo a todo volumen por las ventanillas. Lo odio pero reconozco que sin él, es menos verano. Huele a paseos de madrugada, creyéndonos invencibles y lográndolo. Huele a que te pisen cuando llevas chanclas y cagarse en todos sus muertos. Huele a juegos de cartas durante horas, apuestas demasiado arriesgadas y decisiones mezcladas con alcohol, peligrosas pero divertidas, que rápidamente se solucionan tomando otra aun peor. Huele a que unas se pintan las uñas de los pies y otros se dejen esa barba de tres días. Huele a que definitivamente es mejor insinuar que enseñar. Huele a adrenalina temporal, ola de calor y confusión demasiado conveniente. Huele al miedo a acercarse a una fuente porque hay avispas a tutiplén. Huele a quemar tacón, mojar melena y gritar al viento. Huele a declaraciones de amor estrepitosas porque es el momento de jugársela a un todo o nada.

Huele a revolución veraniega, a rebeldes con la mejor causa del mundo, huele a living on the fucking edge.

Porque si es cuestión de ser eternamente jóvenes, ahora es el mejor momento.

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Feliz verano.

Z

-10 días de otoño.

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Sabes que ya se ha acabado el verano cuando te montas en cualquier autobús y, en vez de pasar un frío insoportable que te pone casi hasta las uñas moradas, te rodea un calorcillo intenso.

Sabes que se ha acabado el verano cuando al salir de tu casa, justo cuando estás cerrando la puerta, te grita tu madre “niña, ¿has cogido una chaqueta?”

Sabes que se ha acabado el verano cuando estás escribiendo este post, miras por la ventana y ves que está cayendo una lluvia torrencial y todo el mundo entra calado, dejando un rastro de gotitas que caen del paraguas.

Sabes que se ha acabado el verano cuando ya no es de día a las diez de la noche y ya no te encuentras con tanta terracita llena hasta rebosar a cualquier hora del día (menos la de la siesta).

Sabes que se ha acabado el verano cuando todo el mundo comienza de nuevo con la rutina y los planes con amigos son más escasos.

Sabes que se ha acabado el verano cuando la gente deja de subir esas tan poco originales fotos de tripa, piernas, pies y mar (en ese orden).

Los que habéis visto la película sabéis de lo que hablo.

Muchos se lamentan, incluso seguro que lloran, cuando concluye la época estival. Pero a mí no me importa. Me gusta el otoño. No por las hojitas de colores, los niños con mochila o ese tipo de cursiladas. Como la excusa con la que Diana Kruger le pega un tortazo a Dany Boon en la película que comparten: “cursilada, bofetada”.

Me gusta tener a los míos aquí cerca después de la vuelta de vacaciones. Me gusta más aún el invierno, la sensación de salir a la calle y que se te congele la cara. De disfrutar de un paseo por una ciudad iluminada por fin porque anochece antes.

Me gusta ver a las chicas con chaquetas de cuero y a los hombres de traje con abrigos clásicos hasta la rodilla.

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Me gustan las bufandas grandes.

Me gustan los botines con tacón alto.

Me gusta la ecuación sofá + manta + te + libro.

Me gustan mis mejillas rojas y tus manos permanentemente calientes, a pesar de no llevar nunca guantes.

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En algo se tenía que notar mi procedencia germano irlandesa.

Creo que las personas se proponen más cambios, o por lo menos se los toman más en serio, al llegar septiembre que el uno de enero. Nos sale de forma inconsciente. Siempre fue el momento de mayor cambio durante nuestra infancia y adolescencia, los primeros años de vida, y el humano es un ser de costumbres.

Yo ya he empezado con los míos y los estoy disfrutando.

-Z.

Madrid al aire libre

Ahora, que con este calor sólo se puede salir por la noche y apetecen cosas fresquitas y además ya tenemos un pie puesto en el fin de semana, os dejo una lista de los sitios que me parecen más apetecibles para ir en esta época en Madrid.

 

1. Terraza del Corte Inglés de Callao.

Se puso de moda entre mis amigas ir a esta terraza, y tengo que decir que no me ha decepcionado en absoluto. A pesar de que pueda parecer pereza por estar en el Corte Inglés, de eso no tiene nada. Se sitúa en la novena planta y tiene unas vistas espectaculares. La oferta gastronómica es muy alta, y con una calidad estupenda. Lo recomiendo para cenar y para tomar una copa.

 

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2. Terraza del Círculo de Bellas Artes.

Como la anterior, esta terraza cuenta con una de las vistas más espectaculares de Madrid. Esta terraza es más exclusiva y cobran entrada, aunque es puramente simbolica (3€ o 2€ si tienes carné joven).

Se puede ir igualmente a cualquier hora, pero lo recomiendo a la hora del atardecer.

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3. Le Cabrera. (C/ Barbara de Braganza 2)

Es un bar muy agradable, ideal para ir en pareja a tomarse un cocktail. La carta es extensísima y tienen desde los más clásicos hasta sus propias crecaiones. ¡Además destacar que los camareros son de lo más agradable!

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4. Museo Thyssen

Otro sitio diferente e interesante para tomarse algo es la terraza a tres alturas del museo Thyssen de Madrid.

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5. La Finca de Jiménez Barbero

Por último el sitio que os recomiendo no es como las anteriores recomendaciones, pero es un sitio original del que me han hablado últimamente y que estoy deseando conocer. Está en Colmenar del Arroyo. Es un sitio totalmente recomendable para los que os guste la carne, se ha dedicado al control de la calidad de la carne y los animales consiguiendo lo que han llamado “la carne de la Felicidad” y elaborando un exquisito menú que se puede disfrutar en plena naturaleza.

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-A.

Viajes para este verano

Por fin lo puedo decir ¡¡¡estoy de vacaciones!!! Y lo primero que he hecho en cuanto he tenido tiempo libre, siguiendo mi mente cuadriculada y organizada es coger un calendario y planear mis meses de verano. Se me ocurren mil posibilidades de viajes que hacer, intentaré abarcar todos lo que pueda, pero para los que no sepáis que hacer, os dejo una lista de ideas de viajes con amigos por la península para este verano.

1. San Fermines, 7 al 14 de julio, Pamplona.

Contra todo pronóstico me hice fan de esta fiesta la primera vez que fui. Ya hace 5 años y aunque desgraciadamente no he podido ir los 5, he repetido siempre que he podido. El ambiente es increíble y el nivel de fiesta no se puede explicar, pero os recomiendo a todos que vayáis, eso sí, dejando escrúpulos en casa por que no es la fiesta más limpia que os podáis encontrar. Si vais, es indispensable ir a los toros a sol, para mí, es sin duda lo más divertido.

Imagen2. Descenso Internacional del Sella, 3 de agosto, Asturias.

Este año se celebra el 77º descenso internacional del Sella. Es una fiesta de atracción turística, no sólo por descender el sella en canoa sino también por las fiestas que hay antes y después. El viernes por la noche se celebra en Arriondas y el sábado en Ribadesella. Las ciudades quedan invadidas por los turistas que acampan por cualquier sitio, pero la cantidad de gente es lo que hace especial este descenso e increíblemente divertido.

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3. Semana grande de Bilbao el 17 al 25 de agosto.

A pesar de las distintas razones por las que no he podido ir nunca, este año las tengo marcadas como un “must” en mi calendario. Se trata de la fiesta más importante en Bilbao,  las calles se llenan de conciertos de todo tipo y coloridos desfiles, toda la fiesta que puedas imaginar se da cita en esta ciudad. Además por supuesto de poder disfrutar de la maravillosa gastronomía vasca.

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4. Islas Cies, Galicia.

Dejando a un lado las fiestas populares, un viaje que tengo pendiente de hacer y que espero poder conseguirlo este año es visitar las islas Cies en Galicia. Son unas islas vírgenes de las que me han hablado excepcionalmente bien, y en las que se puede dormir en camping. Para los que os gusten la playa y la naturaleza, esta es una escapada muy recomendable! Imagen5. Algarve, Portugal.

El Algarve es mundialmente conocido por sus playas y su fiesta, así que me queda poco que decir, simplemente animaros a que si vais no caigáis en el error de sólo salir de fiesta (alguna vez me ha pasado) sino que aprovechad para ir a las maravillosas playas que hay en el Algarve, sin duda mi máxima recomendación es la playa de Carrapateira.

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6. Tarifa, Cádiz.

Para una escapada de fin de semana Tarifa es sin duda un destino de lo más animado. Es conocido por el ambiente surfero, que hace que la vida nocturna de Tarifa tenga mucho que ofrecer. Las playas son estupendas y además si vais más tiempo podréis apuntaros a algún cursillo de kite surf!

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Aquí acaban mis recomendaciones para viajes este verano, espero que os hayan gustado y que os animeis a ir a alguno de estos sitios. Si habeis hecho algún viaje en verano que recomendariais por favor contadnoslo en los comentarios!

-A.

Queda terminantemente prohibido

Hace calor y mucho. Entran ganas de hacer esto constantemente.

Sé que es muy difícil estar así de relajada con este calor

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Pero otra cosa es lo que se está empezando a ver por la calle. Dado que, desde que me vine a vivir a Madrid, he visto cosas que realmente van en contra de toda la lógica, necesito aclarar la opinión que tengo acerca del tema. Como diría una amiga mía “el mundo está loco” y es que es verdad. Por desgracia no se puede ir diciéndole a la gente por la calle “¿qué haces con tu vida hombre de dios? ¿no ves que es que duele verte con eso puesto/haciendo eso?” Así que no me queda otra que expresar mi horror por medio de una lista que cita las diez cosas que quedan terminantemente prohibidas este verano.

  1. Sandalias con calcetín: creía que de este fenómeno del infierno sólo tenían la patente alemanes y demás. En pocas palabras, los “guiris”. Pero no. Ya he visto a un par con una pinta normal (dentro de lo que cabe) y de repente miras para abajo y zas!! Pero vamos a ver, ¿es que te levantas por la mañana, te empiezas a vestir por arriba y cuando llegas abajo dices “bah que pereza” y coges y te pones eso?Imagen
  2. Sandalias gladiador: otro fenómeno de los pies. Esas sandalias de tiras normalmente marrones que llegan hasta las rodillas y que parecen de circo romano. Aún no he llegado a comprenderlas. Las hay que cogen y, si llevan pantalón largo, se lo meten por dentro. Esas directamente no tienen remedio ni solución alguna. De aquí a nada veremos algo como esto:

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3. Morenos falsos y achicharrás: creo que una imagen vale más que mil palabras

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4. Pantalones demasiado cortos: no tengo ganas de ver tu culo, gracias. ¿Acaso voy enseñando yo el mío? No sé en qué momento se llegó a considerar “estético” eso de ir enseñando zonas que no se han enseñado jamás. Si no se han enseñado antes por algo sería. Es cuestión de pura lógica. Próximamente en los mejores cines:

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5. Camachos: no son agradables. Ni me molesto en comentar ya aquellos que llegan hasta la cadera. Hay que elegir las camisetas que te pones con un poco de cabeza.

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6. El café con leche después de comer: más de uno es capaz de tomarse un buen café con leche, grande, ardiendo que llega al punto de escaldar, en una terraza a las cuatro de la tarde en agosto en pleno sofocante calor madrileño. ¿Por qué? En verano se toma un solo con hielo después de comer y. ya. está. Como mucho se admite un cortado pero eso ya es forzar.

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7. Ir todo de negro: yo soy muy fan de este color. De hecho suelo vestir más de colores oscuros que de colores claros. Pero ir todo de negro con la que está cayendo, no sólo te mata a ti mismo, sino que nos hace sufrir a los demás que os vemos.

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8. Camisetas que enseñan todo: no, no me apetece ver tu sujetador por muy bonito que sea, aunque sea de la mejor lencería. Como dice un amigo mío, mejor insinuar que enseñar. Y tiene toda la razón del mundo.

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9. Las terrazas al sol: antes de comentar esto, he de destacar que me caracterizo por tener cierta tendencia vampírica. No soy mucho de sol, ni de tomarlo. Pero respeto a los que lo hacen. Lo que si que ya me supera es quedar con alguien y que se quieran sentar en una terraza con cuarenta grados al sol. ¿Es que te gustaría tener una insolación? ¿Es que te gusta estar sudando que parece que acabas de salir de la ducha (con la diferencia de que limpio no estás)?

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10. El último: el que más duele de todos. Las llamaditas a las 4 de la mañana entre semana de los suertudos que no trabajáis este verano llamándonos a los pringados trabajadores /becarios unos amargados por no salir un martes. Deprimen. Amargan. Así que, si nos queréis aunque sea solo un poco, no lo hagáis.

-Z.