Las preguntas existenciales.

“Si no te equivocas de vez en cuando, es que no lo intentas”

-W. Allen

 

Una mañana más, suena el despertador y me levanto, todo un hito he de decir porque eso de despegarme de las sábanas me cuesta mucho, más que a cualquier otro mortal. Es como cuando está diluviando y tu madre te pide que bajes al perro cuando estás tirada en el sofá o cuando ves que ya de una vez toca ponerse a empollar a muerte esa soporífera asignatura que tiene un nombre más largo que el de la Duquesa de Alba. Puro suplicio. Horror.

Pero bueno, como no queda otra, me pongo en pie, me ducho y desayuno con mis compañeras de piso. Hablamos de las cosas que tenemos que hacer en ese día, cotilleos y novedades. Vamos, lo que hacen todas las chicas, ya sean de Mauricio, de Seattle o de la Patagonia. Algo tan disfrutado por el sexo femenino como poco comprendido por el masculino. Últimamente tenemos una discusión no cerrada sobre la-serie-que-marcó-un-antes-y-un-después-en-nuestras-vidas, Friends, y nos intentamos asignar a sus personajes. En todas las series, y esto es un hecho científico y comúnmente divulgado en nuestra generación así que no me lo cuestionéis, hay personajes que no se aguantan, que son tan divertidos, entretenidos y magníficos como ver un documental sobre la vehemente lucha de la supervivencia del insecto hoja en Guanacaste. Esto es lo que hace que Friends sea una serie única: no hay ni un solo personaje de ese clásico sexteto que produzca bostezos. A mí, tras quejarme y muy a mi pesar al principio, me asignaron a Monica Geller. Para aquellos que me conocen, no es difícil entender por qué. Para los que no me conocéis, coincido en todo con ella a grandes rasgos menos en el pelo y la atracción física hacia Chandler Bing.

 

 

Tras presenciar el gran poder seductor de Phoebe, volvamos al tema. Después de mis desayunos, abro el ordenador y lo primero que hago es mirar mis blogs favoritos, esperando ansiosa cualquier publicación nueva. La verdad es que no soy demasiado original y me gustan de todo: de moda, sitios a los que ir, fotografía, relatos cortos… Todo empezó con uno o dos que me recomendaron y hoy ya sigo a diario muchos más, consultando también otros con menor frecuencia. Una de mis compañeras mencionadas es otra gran seguidora. “Has visto la nueva publicación de xxx?” nos solemos decir y a continuación entramos en una discusión, comentando lo que nos ha parecido la nueva entrada, criticando o alabando, “le falta algo, podría publicar algo de tal…” Así pasaron los meses hasta que un día nos hicimos la pregunta existencial “¿por qué no hacemos uno juntas?”. ¿No nos están todo el día diciendo a los jóvenes que hay que ser emprendedores? Y después un par de noches las dos sentadas en mi cama reuniendo ideas en secreto y unos ratos de frustración para elegir nombre y foto, nació “Lo que ellos no saben” y decidimos compartir electrónicamente nuestros conocimientos sobre la moda, literatura, fotografía, restaurantes, pensamientos y ciudades del mundo. Compartir es vivir, o eso me decían en el colegio. No hay demasiada experiencia, pero sí muy buena intención y ganas.

 

Y con esto, os dejo en buenas manos, muy al son de nuestro espíritu:

 

 

There’s a time in our lives
we start again on writing our part
as the story goes on it’s the rule that we remember our lines

 

 

Hasta pronto.

 

 

-Z.

 

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8 pensamientos en “Las preguntas existenciales.

  1. Pingback: Compartir es vivir. | Lo que ellos no saben

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