El mundo está loco

La situación:

Sábado.

Diez de la noche.

Sentada en el sofá escribiendo en el ordenador.

Y me pongo a reflexionar.

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Hemos ido unos cuantos a ver una obra de teatro en la que actuaba una amiga. La obra básicamente iba sobre dos, un chico y una chica, que tenían citas a ciegas en el mismo restaurante a la vez. La gracia es que iban todas de mal en peor hasta que, hartos cada uno por su lado, deciden irse y al salir se chocan, se conocen y se enamoran. Ironías de la vida.

No me voy a meter en el tema de las citas a ciegas porque me niego. Es un invento del diablo, una especie de inframundo el cual no quiero ver ni de lejos. Nunca (algún listillo pensará “nunca digas nunca”) aceptaré acudir a una. ¿Qué va a salir de bueno de quedar con alguien que está tan desesperado por encontrar a una persona que queda contigo sin saber ni como eres? No me gustan los “Ted Mosby” de la vida.

En fin. A lo que iba. La obra de teatro.

Está claro que la cosa es aguantar un tonto tras otro hasta que, si tienes suerte, das con el adecuado.  Como dice la madre de una amiga mía (muy sabia), partiendo de la base de que el 95% de la gente es subnormal, la cosa está difícil para encontrar a alguien que merezca la pena. Desgraciadamente tiene razón.

La cantidad de veces que me han entrado ganas de coger e irme cuando he quedado con algún desdichado.

Me he dado cuenta que, con el paso del tiempo, las mujeres cada vez nos volvemos más exigentes. Si me dieran un euro por cada vez que he oído a alguna amiga decir (o pensarlo yo) “¿Cómo pude estar con ése?” sería multimillonaria. Bueno tampoco tanto, pero casi.

C’est la vie.

Yo soy muy ingenua y sigo pensando que algún día le conoceré. Que algún día aprenderé a tomar las decisiones adecuadas. Que algún día haré un poco más de caso a la razón y no al corazón. Que algún día lo primero que vea al despertarme sea él. Que algún día haré caso a ese sexto sentido que supuestamente tenemos nosotras. Que algún día, entre copas de vino y buena compañía, me acordaré de todos los intentos fallidos y me reiré, porque finalmente estaré con mi único acierto.

-Z.

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